Alpes suizos: En busca de paisajes eternos

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Una pareja de moteros relata su viaje veraniego por los Alpes suizos, lleno de bellos recuerdos por las vistas tan espectaculares, los puertos tan atractivos de subir y las localidades tan coquetas y tranquilas. 

Tras nuestra luna de miel a Nordkapp el año pasado, decidimos visitar este verano los Alpes suizos, y la verdad es que el paisaje no tiene nada que envidiar al de los países nórdicos.

Salimos de Navalcán (Toledo) muy temprano para evitar el calor y recorrer los 906 kilómetros que debíamos hacer hasta La Jonquera (frontera con Francia). Al día siguiente, y con un viento lateral muy fuerte que hacia que tuviésemos que ir en cuarta y a 80 km/h detrás de la caravana, llegamos a Saint Juliene de Genevois, a sólo 10 kilómetros de Ginebra. Una vez en Suiza, todo cambia y las casas y los paisajes son quizá, como dicen unos buenos amigos moteros que tenemos, “demasiado perfectos”. Todo está en su sitio y te recuerda los dibujos que pintabas en la escuela donde estaba la casita con las montañas al fondo y el río al lado.

Tras visitar Ginebra y su archiconocido Reloj de Sol y Surtidor, nos dirigimos a Grindelwald con la intención de subir al día siguiente a la estación de tren más alta de Europa, a 3.454 metros de altura (el Jungfraujoch). Para ello hay que tomar un tren cremallera que va subiendo lentamente hasta el Jungfrau, pero lamentablemente amaneció muy nublado y con mucha lluvia y desde las cámaras fijas que tienen instaladas en la estación se veía que allí arriba el panorama no era nada agradable, así que no valía la pena pagar 88 € por persona (ida y vuelta) para no ver nada.

De todas formas aprovechamos para visitar el valle intacto del Lauterbrunnen y la capital Berna con sus magnificas calles medievales repletas de jóvenes y su torre del  Reloj, que es el monumento más antiguo de la ciudad (año 1220).

Desde Grindelwald nos dirigimos a Crans Montana por el Grimselpass y el valle de Goms. Nuestra idea era, una vez superado el Grimselpass, desviarnos en Glestch para subir al mítico Furkapass, pero una vez en Glestch, y cuando nos decidíamos a subir al puerto, a pesar del aguanieve que estaba cayendo, personal de protección civil nos dijeron que ni se nos ocurriera subir, ya que a unos metros mas arriba la carretera ya tenía 15 centímetros de nieve, por lo que nos quedó mas remedio que dirigirnos directamente a Crans Montana por todo el valle del Goms con la impresión de que no íbamos por una carretera, ya que literalmente el agua corría por la carretera como si fuera un río, eso si el paisaje es idílico por sus suaves colinas y verdes praderas a ambos lados de la carretera.

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En Crans Montana alquilamos un apartamento durante 7 días para ver todos los valles que componen el Valais, que es el cantón más famoso de toda Suiza con su legendario Zermatt (en nuestra opinión ha perdido muchísimo encanto por la masificación).

Afortunadamente el lunes 12 de agosto empezó a salir el sol y aprovechamos para recorrer el valle de Heremence y Herens, pero lo que realmente nos impresiono ese día fue la presa de Grande Dixence. Se encuentra situada a 15 kilómetros de Heremence y a 2.365 metros de altitud. Es la más alta (284 m) y la mas gruesa (22 m) de las presas rectilíneas de todo el mundo y el espectáculo es impresionante, eso sí, en todo el valle y en la llanura del Ródano hay sirenas para alertar a la población en caso de ruptura.

Desde la presa nos dirigimos al Col de Sanetch que hasta el momento ha sido el puerto más impresionante que hemos visto nunca. En primer lugar por la sensación de soledad, ya que afortunadamente no es muy visitado por los turistas, y por otro lado por su carretera estrecha y empinada con pendientes del 15%. La naturaleza allí es inhóspita y es junto con la presa de Grande Dixence y Derborence los lugares que más nos impactaron de toda Suiza.

Derborence fue un pueblo que desgraciadamente entró en la historia el domingo 23 de septiembre de 1714, cuando la montaña que estaba al lado del pueblo se puso a temblar  y se derrumbó quedando todo sepultado por las rocas, pero en la actualidad es un lugar mágico con su lago y las cuatro o cinco casas que dejaron construir posteriormente rodeadas de montañas. Al recorrer la carretera tan estrecha que te lleva hasta allí con sus innumerables túneles, pareces sumergirte en el pasaje del terror. No debéis de dejar de visitar este sitio, eso sí con mucha precaución ya que la carretera es muy peligrosa, al igual que la de Sanestch.

Otro paraje recomendable es el lago de Moiry que se encuentra a 8 kilómetros de Grimentz en el valle de Anniviers y a 2.249 metros de altitud, se puede llegar hasta allí arriba en moto e incluso puedes bordear uno de los lados del lago hasta llegar al glaciar, os impactará el verde esmeralda intenso del color de sus aguas.

Pero, además de los paisajes, no debéis olvidar el espectáculo que ofrece la arquitectura tradicional de la mayoría de sus pueblos con sus callejuelas estrechas y empinadas. Sus casas de madera decoradas con geranios parecen sacadas de un cuento y, si no fuera por los vecinos que ves entrar y salir de sus casas, creerías que son casas-museos donde no vive nadie.

Como teníamos clavada la espina de no haber subido al Furkapass, decidimos recorrer de nuevo el valle de Goms y ascender a él. En todo este valle y en la subida al puerto te encontraras con muchísimos apasionados de la moto y te cansarás de saludar en V. El ambiente es muy bueno y una vez en lo alto del puerto es recomendable visitar el glaciar ya que te puedes adentrar en él. Te impone cierto respecto ver cómo se derrite el hielo de sus paredes.

Suiza es también un país donde se puede hacer innumerables excursiones a pie y en funicular. Nosotros subimos al Glaciar de Plane Morte a 3.000 metros y desde allí arriba se divisa una soberbia panorámica de todo el valle de Valais. El regreso a España decidimos hacerlo por el mítico Col del Gran San Bernardo en la frontera con Italia a 2.469 metros de altitud, solo esta abierto en verano ya que en invierno está el túnel y evita quitar de la carretera los 15 ó 20 metros de nieve que caen cada año. La carretera es muy revirada y estrecha  y en ocasiones debes de meter la primera y a esas alturas empieza la típica “Gordura” de los motores pero Ensueño, sin prisa pero sin pausa, podía con eso y con mucho más. Una vez arriba paramos para visitar el criadero de los perros San Bernardo y el museo del Hospicio donde se cuenta la historia del Hospicio y existe una importante colección de monedas antiguas y grabados que representan el paso de Aníbal y sus elefantes y el de Napoleón y sus tropas.

Desde el Col del Gran San Bernardo nos dirigimos a Mónaco porque queríamos darnos el capricho de pasar de los 2.469 metros del puerto a tomar un cafetito en primera línea de playa de Montecarlo. Tras tomar nuestro merecido café recorrimos con Ensueño las calles por donde se celebra el Gran Premio de Fórmula Uno con su famoso túnel y la curva del casino. Posteriormente, nos dirigimos por autopista en dirección Aix en Provence con muchísimo tráfico que hizo imposible llegar hasta La Jonquera, aunque la verdad es que fuimos demasiado optimistas al intentar llegar ese día desde Crans Montana a La Jonquera pasando por el Col del Gran San Bernardo y Mónaco. Tras dormir en uno de los prácticos hoteles que hay en las autopistas cerca de Aix en Provence proseguimos nuestro itinerario para llegar finalmente a Navalcán y dar por concluido nuestro viaje.

Llegamos con el acartonamiento típico de montar tantos días en moto pero con una sonrisa de oreja a oreja y pensando en nuestro próximo destino.

Suiza es un destino ideal para vuestras próximas vacaciones y os diremos un secreto: por fin encontramos la ansiada respuesta que buscábamos desde nuestra infancia: ya sabemos por qué Heidi era tan feliz.

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