BMW i3, ¿mejor que un coche de gasolina o diesel?

BMW i3 (llave)

Si tenía alguna, la despejé al probarlo. El eléctrico de BMW, el i3, tiene aceleraciones fulgurantes, superando incluso a las de un gasolina, y un comportamiento dinámico excelente. Y todo ello lo ofrece en silencio y pasando de las gasolineras. ¿Es mejor que uno de combustión? El tiempo lo dirá, pero quedé encantado.

El BMW i3 es, por sus formas, un monovolumen compacto. Tiene 4 puertas, más el portón trasero. Las de atrás, se liberan abriendo las del conductor y acompañante, sistema utilizado, por ejemplo, por el Mazda RX8. La estética del i3 es curiosa y si es verdad que en gustos no hay nada escrito, no seré yo el que diga que el coche no es guapo, pero llama la atención. Tiene formas sorprendentes para ser un BMW, pero resulta agradable. Donde sí llama poderosamente la atención es en su interior. Es amplio, espacioso, luminoso, bien acabado y muy agradable. Práctico y moderno, la sencillez en los mandos, por ausencia de los mismos, salvo los necesarios para manejarlo, que no son muchos, potencia el concepto práctico del modelo, para un uso diario. Tiene la carrocería elevada del suelo, permitiendo subir y descender con suma facilidad; sin embargo, la altura interior es la de un turismo convencional, lo que no impide que los cuatro ocupantes viajen cómodamente sin tocar con la cabeza al techo.

BMW i3 (frontal)

Para encenderlo, basta con pulsar un botón y poner la D desde el mando de las diferentes marchas (adelante, atrás y parking), para ponerse a funcionar. En la consola que separa los dos asientos delanteros, la rueda (joystick) que controla las funciones de la enorme pantalla central de 10,2 pulgadas, y la tecla con las tres modalidades de conducción: Comfort, Eco Pro y Eco Pro+.

Con la segunda ganamos 20 kilómetros de autonomía respecto a la Comfort y la tercera nos da otros 20 kilómetros más. En total, 270 kilómetros de autonomía, en el mejor de los casos, conduciendo con la Eco Pro+. Cabe la posibilidad de contar con otros 100 kilómetros, aproximadamente, si optamos por la versión Rage Extender, REX (extensión de la autonomía), que lleva un propulsor bicilíndrico de combustión (concretamente el que montan los maxiescúter de la marca) que carga exclusivamente las baterías del motor eléctrico, que es el que da la potencia a la tracción del i3, trasera como en todos los BMW.

BMW i3 (interior)

Una vez en casa o en el trabajo, el i3 se puede cargar en un enchufe convencional, tardando 8 horas en el llenado total de las baterías, tiempo que se puede reducir considerablemente con un sistema rápido que comercializa BMW (Wallbox) por 700 euros.

Y es al conducirlo cuando todas las dudas que tenía antes de subirme a este eléctrico, se disipan, transformándose incluso en una sorprendente y agradable sorpresa, tanto es así que no te deja indiferente. Yo, que llevo gasolina en las venas, que el sonido de los motores es melodía celestial, que incluso el olor de éstos me resulta embriagador, no entendía que se pudiera disfrutar con un carrito de golf. Pero cuando pisas el acelerador del i3 y sus 170 CV se transforman en más de 200 (tal es la sensación que transmite, sin exagerar lo más mínimo. Ello es debido, entre otras virtudes, al poco peso del vehículo, 1.270 kg, gracias a la utilización de la fibra de carbono), quedándose la espalda literalmente pegada al asiento, exclamas: “Y a mí que más me da si esto es eléctrico o va a pilas, si el vértigo de la aceleración, de la velocidad, de la rapidez es mayor que el de un motor de combustión”.

BMW i3 (trasera)

Pero no hay más. La conducción del BMW es una delicia. Con un puesto de mando muy conseguido, sintiéndote en todo momento dueño del vehículo, el comportamiento del coche es magnífico. Suave en su funcionamiento, tiene un gran aplomo y unas cualidades dinámicas francamente excelentes, con un motor que destaca por la ausencia de vibraciones, ¡fantástico! Y, además, todo eso, sin hacer ruido.

BMW i3 (volante)

¿Y se adapta y acepta quien antes ha reconocido sentir el sonido de los térmicos como algo celestial; o sea, el que suscribe; o sea, yo? ¡Totalmente! Escuchar el rumor de un motor se disfruta más fuera (los que gustan de tal placer, porque los que no, entiendo que pueda resultarles molesto, dependiendo de los decibelios) que dentro del vehículo, sobre todo viajando. En este caso, la sensación de oír exclusivamente el viento, mientras notas y compruebas como aumenta la velocidad, es algo que también sube la adrenalina. Además, pisar la chancleta no significa gastar combustible, con lo caro que se cotiza, lo cual libera a cualquiera, sobre todo la cartera.

BMW i3 (puertas)

El precio es tal vez el único punto discordante del BMW i3: 35.500 euros con la batería incluida y 39.900 euros la versión REX. No es barato, pero está en precio respecto a modelos similares, que no iguales, porque el alemán es único. Estoy convencido de que en los coches eléctricos pasará igual que lo sucedido con los móviles, ordenadores, etc, que a medida que se avance en su tecnología se irán abaratando, porque esto no ha hecho más que empezar. Y BMW ha dado un paso de gigante. Como también lo ha dado con el C Evolution, el escúter también eléctrico que llega esta primavera y que probé el verano pasado (ver prueba). BMW quiere que nos enchufemos y lo va a conseguir.

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