El Camino de Santiago, una gesta en la vida al alcance de todos

El Camino de Santiago es una gesta que está al alcance de (casi) todos y que mayor satisfacción produce. Son cerca de 800 kilómetros (el Camino Francés) que se pueden hacer caminando (la gran mayoría), a caballo (los menos), en bicicleta (muchos), incluso en silla de ruedas (los más admirables). Yo escogí pedalear por diferentes motivos. (El Camino lo realicé antes de la pandemia por el coronavirus).

A caballo, no, pues ni tengo cuadrúpedo ni me gusta tal grupa para tan largo viaje. Cito en silla de ruedas, porque si bien, afortunadamente, tengo movilidad total (que Dios me la conserve hasta el fin), sí hay héroes que hacen la travesía así. Yo no me encontré ninguno, pero hubo cuatro valientes que fueron desde Villalcázar de Sirga (Palencia) hasta Santiago, 115 kilómetros en sillas mono-ruedas todoterreno, y en 2017 fueron 43 los que llegaron a la plaza del apóstol viajando de esta forma, ¡mi admiración para todos ellos!

Opté pues por la bicicleta, porque me encanta desde bien joven, pues con ella siento la velocidad, me transporta con mayor rapidez que caminando (que no me mola nada, dicho sea de paso), me desplazo con el esfuerzo de mis piernas (y de mi corazón…), ¡rápido, rápido!, produciéndome una gran satisfacción, porque para ir “parado” ya voy un ratito a pie y el otro andando…

Porqué en ‘ebike’

Así pues, tan larga y mítica travesía decidí hacerla en bici por los citados motivos, pero, segundo dilema, ¿en cuál? ¿En una bici “mecánica” o eléctrica? Ante esta nueva elección (la vida lo es en sí misma), primaban los días de que disponía para hacer el Camino (como apunto al principio), 12-1 días (homenaje al gran Ángel Nieto). Quería evitar también el sufrimiento en las subidas épicas, que haberlas haylas, pues uno tiene la edad que tiene (superados los sesenta), y, además, quería ir “enchufado”, dándole “caña”, porque, repito, para ir parado, ya iba andando.

Con estas premisas, elegí una ‘ebike’ Cube con doble suspensión (“a partir de los 40 -me dijeron-, amortiguación delante y detrás, tus lumbares te lo agradecerán”, ¡sabio consejo!), una alemana con motor Bosch con cuatro modos de asistencia y batería de hasta 100 kilómetros de autonomía (que no es verdad, como cuento a continuación, pues su duración depende del modo que lleves y de la orografía).

Para los que no hayan probado una ‘ebike’, les diré que por más motor que lleve, sino pedaleas no se mueve (por ley), y que para rodar etapas de 80 kilómetros como hice, has de hacerlo en modo Eco (mínima asistencia), poniendo el motor en modo ‘Off’ en tramos planos y bajadas para reservar batería, de lo contrario, no llegas. Aun así, en la etapa de O Cebreiro, con tres puertos de “Vuelta a España”, el citado, San Roque y el alto de Poio, trío con más de mil y pico y muchos metros de altura cada uno, y aun yendo en modo Eco, la autonomía no llegó más allá de los 65 kilómetros.

Un sueño sin cumplir desde hacía 26 años

Hacía 26 años que deseaba hacer el Camino de Santiago. Corría el año 1992, fecha gloriosa para este país por celebrarse los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla y como España estaba en el ‘candelabro’, y en plena retransmisión olímpica alguien en la tele recordó que en 1993 sería Año Santo Jubilar Compostelano, interesándome por el Camino a partir de entonces y hasta hoy. Casi tres décadas después ¡lo he conseguido! y ha resultado tan fascinante, tan reconfortante y maravilloso que ya estoy pensando en hacer otro de los muchos Caminos de Santiago existentes, ¿el Portugués; el Primitivo…? Cualquiera con tal de volver a sentir tan inmensa experiencia.

Para llevarlo a cabo, conté con el apoyo de Sixt Rent a Car, que puso a mi disposición un familiar de cinco puertas para llevar la bicicleta hasta Roncesvalles y luego traerla de vuelta a Madrid desde Santiago. El coche, alemán para más señas, que lo conducía mi mujer, responsable también de la magnífica logística de la aventura, resultó perfecto, en espacio, confort, consumo y buen rodar.

Octubre, la fecha elegida

La fecha elegida fue la de mitad de octubre, del 13 al 23, ambos inclusive, once días escogidos a mitad de ese mes en el que suele cambiar la climatología hacia la segunda quincena. Y fue entonces por dos motivos. El primero, porque así evitaba las altas temperaturas del verano y a poco que me saliera bien, evitaba las extremas del invierno. La segunda razón, porque en julio, agosto y también en septiembre, sobre todo a principios, el Camino está tan concurrido de peregrinos como la Gran Vía madrileña de gente un sábado de ‘Black Friday’ (antes del Covid-19). ¡Y acerté! Tanto, que todo fue a pedir de boca. 

¿Eso fue así porque la bicicleta la bendijo el Padre Ángel, un hombre bueno, que transmitió sus bondades a la Cube? Porque no fue solo la bici y la climatología la que me acompañó con toda su benevolencia (en esos once días de travesía tan sólo llovió en la etapa de Puente de la Reina a Logroño, haciéndolo los 54 últimos kilómetros -de un total de 75-, a partir de Estella hasta la capital riojana, donde me esperaba la gente buena y amiga de Km Solidarity para comer con ella, ¡menudo ágape me prepararon! Y esa fue toda el agua que cayó, ni una gota más en todo el camino), por lo que la travesía de 790 kilómetros desde Roncesvalles hasta Santiago (salvo los citados) fueron una maravilla. No me fui al suelo ni una sola vez, no se salió la cadena en ninguna ocasión y ni siquiera pinché, ¡un milagro! Lo dicho, el Padre Ángel, persona de reconocida bondad y generosidad, me prestó su ángel de la guarda particular en el momento que bendijo la bici en su iglesia de San Antón en Madrid. (Sí, ya sé que así es más fácil, pero yo no tengo la culpa de tener una bici ‘divina’).

El emocionante testimonio de los peregrinos

El resto lo podéis ver en el vídeo, más cómodo y entretenido que mil (o más) palabras. En él veréis el Camino, sus dificultades, la hermosura de los parajes que atraviesa y, sobre todo y lo más valioso, el testimonio de los peregrinos que fui entrevistando durante mi ruta. Peregrinos y bicigrinos de toda clase y condición, de aquí, de allá y de fuera, testimonios muchos de ellos emocionantes, otros, simpáticos, y todos, en cualquier caso, llenos de sentimientos de bondad, de solidaridad, de amistad, de esfuerzo, de lucha personal, de retos, de espiritualidad y de sinceridad. No están todos, faltan muchos de los que paré y me atendieron con absoluta amabilidad, pero entonces, este vídeo que bien pudiera pasar por un documental, se hubiera alargado hasta los 30 minutos, como poco. Ahora, alcanza los 14, pero pasan rápido, porque su dinamismo nos lleva al final con rapidez.

Si os gusta lo que veréis, si os llena y satisface, haced el Camino de Santiago, porque, como digo, es una gesta al alcance de todos. Por último, un consejo, no tardéis tanto como yo en cumplir lo que para mí era un sueño, porque la vida es corta y se nos escapa de los dedos con una brevedad de la que no somos conscientes hasta que ya no está entre ellos por más que cerremos la mano.

Por José Mª Alegre (vídeo y fotografías)

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