PuntApunta, la aventura de BMW Motorrad para no perdérsela

Las personas nos movemos por sueños cuya ilusión es cumplirlos. Para el motero, el cumplimiento de los mismos pasa, inexorablemente, por realizarlos con su moto. Y el puntApunta que organiza BMW Motorrad España es un sueño realizable que hay que cumplir.

Para muchos, una de esas ilusiones moteras es hacer el puntApunta (pAp) que organiza BMW Motorrad España, un viaje para todo tipo de motos (a partir de 125 cc) y marcas (aunque, obviamente, la gran mayoría eran del fabricante alemán) que cruza la península Ibérica de un lado a otro de forma alterna. Si en 2016 fue de sur a norte, este año, la cuarta edición, ha sido, al contrario, de norte a sur.

El sueño para 750 moteros

Y digo que el pAp es la ilusión de muchos moteros porque la marca alemana puso para la edición recién celebrada 750 inscripciones en las redes agotándose en ¡pocas horas!, quedándose fuera un montón de ellos que deberán esperar a la convocatoria 2018 para cumplir su anhelado viaje. Así pues, las cifras avalan este encuentro anual que en sólo cuatro años se ha convertido en cita obligada para los riders, hasta el punto de que los aficionados colapsan Internet para hacerse con una plaza en cumplimiento de sueño tan asequible (obviando el pequeño detalle de que son muchos los que lo tienen en su lista de objetivos).

Este año, además, el encuentro era prácticamente cosmopolita, pues entre los inscritos había 14 nacionalidades diferentes, con riders venidos de Francia, Alemania, Portugal, Italia, Inglaterra, Bélgica, Andorra, Estonia, México, Países Bajos, Polonia, Uruguay y Brasil, además de españoles, por supuesto.

Una aventura de muchos km e impecable organización

Varios son los motivos que confluyen para que el pAp sea un éxito, los muchos kilómetros que se realizan en moto (1.674 en total, a los que hay que añadir los de ida al punto de salida y los de regreso a casa. En mi caso, cerca de tres mil); el recorrido inédito, siempre bello y sorprendente, que se conoce al inicio de la travesía con la entrega a cada participante del preciso cuaderno de ruta o road book; el carácter aventurero de la prueba (que no es competitiva y en la que BMW, junto con Metzeler, Touratech, Nautalia y Repsol, colaboradores del evento, fomenta el uso responsable de la moto, pero que no carece de cierta exigencia, pues el tiempo diario rodando es de unas diez horas y el estado del piso en muchos casos es para no bajar la guardia), que permite realizarla en pareja y/o con amigos; la excelente organización y la amabilidad de todos los que la forman para con los participantes.

En esta edición se partió de la preciosa ciudad de Santander, con llegada a Estepona, y finales de etapa en Segovia, Ciudad Real y la mentada localidad de la Costa del Sol, unos 1.674 kilómetros en total, como queda dicho al principio, para 750 motos y más de 850 inscritos, que, junto con los miembros de la organización, llegaron a casi mil personas, consolidando el pAp como el encuentro motero en ruta más importante dentro del panorama nacional.

Inicio el viaje con la fantástica BMW R 1200 RS y la lluvia por compañera

Salí de Madrid con la R 1200 RS cedida por BMW Motorrad para realizar la aventura. El modelo alemán es una touring deportiva que permite hacer muchos kilómetros sin que el cuerpo se rebele. Esta bóxer de 125 CV a 7.750 rpm, de preciosa planta y extraordinario comportamiento, es una moto rutera con una posición semideportiva: el tronco ligeramente hacia adelante y los brazos casi estirados en una postura que, no obstante, me posibilitó rodar muchas horas y poder erguirme al bajar de ella. Equipadísima (puños calefactables, presión de neumáticos, arranque Confort -sin llave-, modos de conducción, suspensión Dynamic ESA, control de crucero, un cuadro para tenerlo todo controlado, etc), llevaba en las maletas y top case lo imprescindible para pasar esos días, incluido el traje de agua, que sin duda iba a utilizar, y el equipo fotográfico. Así que puse rumbo a Santander. Había quedado con María Elsi, embajadora BMW Motorrad y Wikiwoman (título otorgado por este humilde cronista a raíz de su irrupción en Wikipedia por ser la primera española en atravesar Irán en moto, y la segunda mujer en hacerlo en el mundo, con su F 700 GS), para comer en la capital cántabra.

A 125 kilómetros de la ciudad santanderina, la lluvia hizo su aparición sin consideración alguna para con el abajo firmante, debiendo detenerme para colocarme el traje de ídem y continuar sin dar tregua al acelerador, poniendo, eso sí, el modo Rain. Mientras el agua no cesaba de caer y circulaba por los diferentes asfaltos que me encontraba, me preguntaba por qué el ministerio de la cosa no los unificaba, alfombrando lo negro con el alquitrán que elimina el espray de los vehículos, facilitando la visión y la seguridad del motorista (y del resto de usuarios). Preferí dejar de soñar, deleitándome con el buen rodar de la R 1200 RS, que, a pesar de las adversas circunstancias climatológicas, me permitía ir a ritmo interesante con seguridad y confort, ¡qué maravilla! Y el equipaje seco en las maletas estancas.

Los amigos, la charla, la buena mesa… y la multa

Santander me recibe con la lluvia como protagonista, que las verdes tierras que la rodean no son flor de primavera, ni capricho de la estación en la que nos encontramos. Llego a tiempo para la cita con María, degustando un exquisito cocido lebaniego con ella y otros amigos, alguno de ellos canarios que, con gran mérito, viajaron desde la otra punta de España para participar en el pAp. Charla, buen yantar, risas, abrazos a la salida, e indignación al recoger las motos. Resulta que estando aparcadas pegaditas al muro de la plaza de toros, no impidiendo en absoluto el paso a peatón alguno, al quedar libre una acera que bien pudiera llegar a los cuatro metros de ancho, y lloviendo a mares, nos encontramos la consiguiente papeleta (color rosa, para más señas). La multa es por Estacionar sobre la acera, según reza la denuncia de la Policía Local del Ayuntamiento de Santander, que firma un tal AMO 14, colocada en el manillar de la moto de María, de la mía y de la RT de un tercero por un importe de ¡200 euros! ¡Menuda pasta! ¿Qué mal hacían esas motos a nadie, pues a nadie molestaban, salvo al celoso guardián de la ley y el orden? ¡Un poquito de por favor, señor agente!

Más tarde, en la espectacular presentación del pAp en el Palacio de Deportes de la ciudad, al tomar la palabra Miriam Díaz Herrera, concejal de Cultura y Educación de la capital cántabra, manifestó el agrado de los santanderinos por la llegada de los moteros, que, a buen seguro, iban a ser tratados con afecto y hospitalidad, pues su presencia era muy beneficiosa para la ciudad. Y así fue, una estancia muy agradable, excluyendo la receta del disidente, tal vez el único en toda la villa.

Etapa 1. Santander-Segovia: Lluvia por la mañana; sol por la tarde

En la impecable ceremonia de salutación y estando los participantes reunidos en el recinto municipal, Alexander Von Scheidt, director de BMW Motorrad España, dio la bienvenida a los riders, con mención especial para un grupo de personas sordas pertenecientes a Todomoto Córdoba (concesionario oficial de la firma alemana con el que viajaban 30 moteros) y cuya sordera “no nos impide disfrutar de la moto”, me asegura tanto Juan Antonio, que conducía una R 1200 RT, como David, a los mandos de una Suzuki, y Rubén, con una R 1200 GS Adventure, los tres con la ilusión en sus gestos por el viaje deseado.

La primera etapa del pAp la realicé con los dos periodistas de Motos X 1000, Josep Chaume y Xavi Reyes. Ambos son navegadores natos, con Josep llevando el road book y consultando con Xavi, a través de los intercomunicadores, cuando se presentaba alguna duda. Rodaban a buen ritmo, el primero con una BMW R 1200 GS y la explosiva S 1000 XR en manos de Reyes. Además, los dos tenían parecidas necesidades profesionales a las mías, parando cuando había que realizar alguna toma de vídeo, en su caso, o fotografía, en el mío. Por otra parte, ambos son gente con sentido del humor, toque necesario en la vida que facilita que todo vaya bien.

Al igual que la primera jornada, cuando llegué a Santander, la lluvia nos persiguió hasta primera hora de la tarde. Pero las carreteras, los paisajes, las gentes de los pueblos saludando el paso de las más de 750 motos, las disfrutamos a pesar del brillo del piso y de las nieblas, que no cuajaron lo suficiente para impedirnos la buena marcha en esta asombrosa aventura. Mi BMW R 1200 RS, con agua o sin ella, se manejaba igual de bien: estable, aplomada, rápida y segura, virtudes que se traducían en confianza y placer.

Tentempié diario para aguantar hasta la noche

A media mañana, el cuaderno de ruta nos llevó hasta el mirador de Las cuevas del Soplao (Cantabria), donde se encontraba el segundo de los enclaves (el primero fue en las instalaciones de Grunblau Motor, concesionario de la marca) de sellado del pasaporte que se nos entregó junto al resto de documentación (dorsal, road book, botella para meter el mar, camiseta, muy chula, pegatinas, pulsera, etc). Éste, sirve para que los participantes realicemos el recorrido en su totalidad, debiéndolo sellar en los diferentes controles (que son secretos. El cuaderno nos llevará a ellos), teniendo que mostrar el pasaporte, convenientemente sellado, al finalizar la travesía en Estepona, salvoconducto para obtener el Finisher o premio final que acreditará haber ido de punta a punta de la península sin saltarse control alguno.

Decía que en lo alto de El Soplao, mirador de vistas infinitas cuando las nubes no lo opacan, como ocurrió a nuestro paso (seguía lloviendo), además del sellado obligatorio, la elogiable organización nos premió con un reconstituyente cocido montañés (cada jornada había un tentempié de cuchara para aguantar hasta la cena aquellos que preferían no comer de mesa y mantel para hacer vía).

La moto, ese vehículo que te llena de vida y de libertad

Con algo más de 500 km, el recorrido, siempre por carreteras secundarias, era de gran belleza, iniciándolo en la costa y acabando en Segovia, final de la primera etapa, llegando ya sin lluvia, que dejó de apremiarnos por la tarde. Antes, tras la salida, parada en la playa del Sardinero para recoger agua del Cantábrico en la botella metálica, contenido que verteríamos en el Mediterráneo de Estepona. Una ceremonia digna de verse, pues más de uno, en su afán por llenar el envase hasta arriba, se llenó de mar hasta las rodillas.

Disfruté de la ruta (buena marcha los de Motos X 1000), incluso con el corto, pero algo complicado (debido al barro), tramo de tierra. Y me encantó lo visto y rodado (¡hay tanto que ver en esta España nuestra!), agradeciendo al autor de mis días, ausente desde hace años, que me inoculara (a este escribiente y a mi hermano Albert, que este año se decidió, ¡por fin!, a realizar tan bella travesía) esa gran pasión llamada moto, un vehículo que, además de llevarte, te llena de vida y de libertad.

Etapa 2: Día de emociones y sentimientos… ¡Y calor!

La segunda etapa del pAp partía de Segovia hasta Ciudad Real. Un día de mucha ruta, de mucho disfrute, de mucha curva, de carretera de todo tipo y condición, de buen asfalto (y otro no tanto) y tierra. De encuentro con amigos, los tres vascos (que de inmediato aparecerán en el relato) y de otros lares, de risas y pasarlo bien, pero también una jornada de emociones y sentimientos. Y de calor, que empezó a aflorar a medida que bajábamos hacia el sur.

Si alguien se merece un diez, ese es, sin duda, el que se “ha currado la ruta”, sentencia José Emilio Agote, viajero donostiarra que hace un año prometió asistir a este pAp y, siendo como es hombre de palabra, no deja ocasión para mantenerla, realizando la travesía con su BMW R 1200 GS Adventure. Junto a él, Iñigo Zabaleta, el rider de los cien mil kilómetros al año a lomos de su BMW F 800 GS (ya lleva cerca de medio millón, tal como muestra la fotografía). Y como no hay dos sin tres, les acompañaba el hermano de este último, Jon, con otra montura como la de su broder.

Si la etapa Santander-Segovia la realicé con Chaume y Reyes, la siguiente la hice con los del norte por comprometerme a ello cuando les grabé el vídeo: “Si os apuntáis al pAp, yo me hago una etapa con vosotros”, les prometí. Dicho y hecho y hay que ver cómo van estos chicarrones del País Vasco sobre asfalto o por caminos, que tanto les da. Yo hacía lo que podía con mi fantástica BMW R 1200 RS, disfrutar cuando íbamos por lo negro y dar gas cuando tocaba camino, como bien me enseñó Issac Feliu, de 30MPS.

Yolanda: “Querer es poder”

Y decía que fue un día de emociones y sentimientos, porque nos encontramos con Yolanda y Camelo, su marido, en una gasolinera. Los dos hacían el pAp en una BMW R 1200 GS que ella le había regalado a él. La pequeña diferencia con respecto al resto de participantes es que Yolanda tiene una invalidez debido a una enfermedad degenerativa y a un cáncer diagnosticado y operado posteriormente. Esta burgalesa necesita la ayuda de Camelo para subirse a la moto, habla con dificultad, pero “me encanta la aventura, me gusta pAp y le dije a mi marido que por qué no lo íbamos a hacer. Poder es querer”, añade. Y allí estaban ambos, ella con su ilusión. Él ilusionado por hacerlo juntos.

Maite y Juanjo, de Logroño a Estepona en escúter

Otra historia que merece atención es la de Maite y Juanjo, una pareja de Logroño que forma parte de los muchos testimonios humanos que dan vida al pAp. Los encontré en el puerto del Pico, a 29 leguas de Madrid y a 10 de Ávila, según apunta un mojón que justo señala el pico del puerto. Estos logroñeses hacían la travesía en un escúter, una Honda Silver Wing 400, que Juanjo había adaptado para que Maite fuera como una reina, con apoyabrazos, maletas y topcase y tan felices de formar parte de la serpiente multicolor que configuran los riders del pAp a medida que avanzan por los hermosos paisajes de la piel de toro, siendo recibida de manera festiva en todos los sitios.

Uno de esos lugares es Segurilla (Toedo), donde había sellado de pasaporte y el tentempié del día, unas estupendas alubias regadas con un buen refresco o, en su defecto, agua, que es el mejor maridaje cuando hay que mantener la vista clara y los sentidos despiertos para conducir, sobre todo ante el reto que nos esperaba, el Parque Nacional de Cabañeros, con más curvas que en el Stelvio.

Parque Nacional de Cabañeros, el tramo más exigente

En el briefing de la jornada anterior, Tony, el titular de darlo con precisa explicación antes de la cena, nos avisó de la complicación de este tramo, sobre todo por el mal estado del piso, la cantidad de curvas, la gravilla en algunos puntos y la longitud del mismo. Los que no querían afrontar el reto, tenían una ruta alternativa, pero mis compas y el abajo firmante decidimos tirar p’lante. Y así lo hicimos, y ¡cómo lo gozamos!, a pesar de que el estado de la carretera no puso en entredicho la advertencia de Tony. Sin embargo, mi soberbia R 1200 RS echó el resto, saliendo airosa del envite y yo junto a ella.

Me impresionó el lugar, el paisaje, la espesura de la carretera en muchos tramos, el silencio y el rodar en soledad. Es cierto que por ahí no pasaron todos, pero el pAp no es una procesión motera donde no queda atisbo para rodar a tu aire sin el agobio de verte rodeado por más motos. Sólo en los lugares de sellado del pasaporte y almuerzo se producía cierta aglomeración. Pero como cada uno llegaba según el horario escalonado de salida marcado por la organización, la marcha por la carretera no era en comitiva. Eras tú, solo o con tu grupo, y toda una aventura por delante.

Precisamente, Agote me contaba que era reticente al pAp porque “tenía la idea de que venía de romería y eso no va conmigo. Pero he comprobado que puedes hacerlo a tu aire, a tu ritmo”, añadiendo que “la ruta ha sido lo que más me ha gustado”.

Como broche de oro a la jornada, el Ayuntamiento de Ciudad Real cedió la plaza Mayor de la capital para que los participantes aparcáramos allí las motos, todo un acontecimiento para la ciudad que fue apoyado por los ciudadrealeños con gran cordialidad, abarrotando el lugar. En entorno tan singular se celebró el briefing diario, no sin antes entregarle a la alcaldesa de la ciudad, Pilar Zamora, una placa conmemorativa del pAp en señal de agradecimiento, gesto de cortesía que se realizó en todas las localidades de final de etapa, y que en este caso corrió a cargo de David Canosa, director de Marketing de BMW Motorrad España.

Etapa 3. Ciudad Real-Estepona

El tercer y último día, teníamos por delante 526 km, etapa larga que la afronté de nuevo con los amigos vascos, José Emilio, Iñigo y Jon, para verter juntos el agua de su mar, el Cantábrico, en el mío, el Mediterráneo. Además, en las paradas las risas afloraban y en marcha, el ritmo era de lo más interesante. Comprobé de nuevo lo bien que va Zabaleta sobre asfalto (también en tierra), al que seguíamos los tres restantes (leía el road book de manera rápida y precisa), con su F 800 GS calzada con los Michelin Anakee (¿alguien dijo que estas gomas sólo resultan óptimas en campo? Que vayan detrás de Zaba y me lo cuentan).

Vinieron rectas y unas cuantas curvas antes de llegar a Córdoba, donde Todomoto, con la simpatía y amabilidad de Lucía Pascual al frente, bien secundada por José María Guerra y el equipo del concesionario BMW Motorrad, había establecido un punto de sellado del pasaporte y también de consumición, ofreciendo a la peña pAp el típico salmorejo cordobés y paella, que no es manjar de esos lares, pero estaba muy sabrosa, al igual que la famosa crema de tomate.

De allí pusimos rumbo a Estepona, cruzando el hermoso pueblo de Setenil de las Bodegas, Conjunto Histórico de la sierra de Cádiz que forma parte de La Ruta de los Pueblos Blancos, donde algunas de sus estrechas calles están techadas por la roca donde se asienta la población de origen medieval. Luego, pasamos por Ronda, belleza malagueña de ensueño con el cañón conocido como el Tajo de Ronda, cuyo Puente Nuevo que lo atraviesa (construido en 1793, es el monumento más emblemático de la ciudad, uniendo la parte vieja de la población con la nueva), tiene unas vistas mareantes. Pero nosotros lo observamos desde abajo gracias al atajo sorpresa que nos reservó el road book (‘las cosas del guionista’, como diría Charly Sinewan).

Con tan buen regusto visual, pusimos rumbo a la meta, pero todavía nos esperaban curvas y más curvas en unos tramos serpenteantes que parecían de nunca acabar. Finalmente, conseguimos el objetivo, Estepona y el mar Mediterráneo nos agurdaban en la avenida de España, donde el Ayuntamiento de la localidad de la Costa del Sol, juntamente con la organización (otro diez para ella), habían dispuesto aparcamiento vigilado para nuestras motos. ¡Y cómo lo agradecimos!

La finalización de un viaje fantástico uniendo los dos mares

El vertido del agua del Cantábrico en el Mediterráneo, final del recorrido, es, seguramente, el momento más emotivo del pAp. Durante tres días, los raiders recorrimos más de dos mil km (contando la ida al punto de partida, Santander, y el regreso). La travesía había finalizado y la felicidad de la aventura vivida, de la ilusión cumplida, del sueño hecho realidad, del recuerdo fresco y tangible de lo consumado sin contratiempos ni percance alguno (no hubo ninguno de gravedad, otro valor que añadir al pAp) se trasformó en alegría y gozo por los centenares de kilómetros realizados, los paisajes asombrosos, las carreteras estrechas y reviradas, las numerosas anécdotas y la buena convivencia gracias a una magnífica organización y a unos participantes cuyo respeto y civismo quedó patente en cada kilómetro del recorrido.

A este respecto, Zabaleta me aseguró que le había encantado “el buen ambiente y la buena disposición de la organización”, añadiendo que “he disfrutado un montón por la ruta, por el reencuentro con los amigos y por los que he conocido”. Y me lo contaba junto al mar, donde la espontaneidad hizo que los abrazos volaran y las risas fluyeran. PuntApunta, historias de moteros que ven cumplida una ilusión. ¡Una más!

Todavía quedaba la fiesta final, con cóctel incluido, en el recinto ferial de la ciudad, donde Alex Von Scheidt anunció la primicia de un nuevo pAp, por nombre Espíritu GS, más aventurero si cabe, pues se celebrará en Marruecos el próximo octubre. Un pAp que no sustituye al actual.

¿Qué queda al final de esta maravillosa aventura? Una gran satisfacción por haber cumplido un sueño que espero hagáis realidad el año que viene.

José Mª Alegre (texto y fotos)

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