puntApunta2020: 1.500 kilómetros de ruta en moto para verter el agua del Cantábrico en el Altántico… a pesar de la pandemia 

En la playa de La Arena, cerca de Bilbao, empieza este puntApunta 2020 atípico, como está siendo este año tan complicado debido al Covid. Pero yo tengo mi botella verde (esperanza…, color que es todo un acierto dadas las circunstancias) para llenarla de Cantábrico, que depositaré en el Atlántico. El mar en la maleta y la ilusión intacta para afrontar un nuevo pAp, que, como todos los anteriores, promete emociones.

Recambios Getafe

Emociones, rutas espectaculares, carreteras inéditas, paisajes impresionantes y tres días de moto ilusionantes. Tengo 1.500 kilómetros por delante (1.425 para ser exactos), mi moto, mi cámara de fotos y yo, ¡no se puede tener mejor plan! Una edición en la que, de nuevo, no falta el acento social inherente a la celebración del pAp. Así, por cada inscrito en este evento, BMW Motorrad España donará en nombre de cada participante un kilo de comida a un comedor social. ¡Viva la solidaridad, de la que me siento partícipe!

Esta edición del pAp, la VII, se ha visto alterada por la pandemia del Covid-19, que nos ha forzado a adaptar nuestras costumbres a fin de preservar nuestra salud y la de los demás. Pero ‘adaptar’ no es renunciar. Y BMW Motorrad España no ha querido renunciar a la ya mítica travesía de los riders. Y para hermanar simbólicamente las aguas del Cantábrico y del Atlántico a lomos de nuestras motos, la marca ha ideado una fórmula que permite llevar a cabo la travesía con las mismas garantías que las anteriores: un pAp individual o en compañía (no más de seis personas por grupo, en el momento de escribir el artículo, pues bien pudiera cambiar), con tres etapas también que se pueden realizar cuando se quiera entre el pasado 15 de octubre y el 31 de diciembre de 2020. Ello, siempre que las Comunidades y/o provincias a atravesar no estén sometidas al cierre perimetral o a cualquier otra prohibición que impida el paso debido al coronavirus. 

El pAp con la BMW F 850 GS, ¡qué gran elección!

Yo opté por hacer el pAp como siempre, o sea, una etapa detrás de la otra hasta llegar al final, Punta Umbría. Para ello, viajé hasta Bilbao, inicio de la edición de este año, pasándome por dasMoto Bizkaia, Concesionario BMW Motorrad, donde Jorge Rodríguez me entregó el ‘Welcome Pack’ con el dorsal, la botella verde ya citada y un bonito ‘buff’ a juego con ésta. O sea, el mismo contenido que en los pAp anteriores, ¿qué podía salir mal? La diferencia en esa entrega es que el road-book y los ‘tracks’ te los descargas una vez te has inscrito, por lo que ya salía de Madrid con él colocado en el portaroad-book que me facilitó amablemente Touratech Madrid.

Para esta ocasión, la moto elegida fue una F 850 GS, ¡qué gran elección!, moto con todos los extras, sin faltarle el top-case y las maletas, alojando en el primero y en una de las maletas el equipo fotográfico y en la otra mi equipaje, pues, como dijo el escritor Ira Levin, “Todo aquel que necesita más de una maleta, es un turista, no un viajero”.

Así que me planto en la playa La Arena, a 24 kilómetros de Bilbao, donde he pernoctado, con un consejo para todos los ‘puntapunteros’: a las 8 de la mañana -como muy tarde- hay que estar recogiendo el agua del Cantábrico para iniciar la marcha sin mayor dilación, pues nos espera una primera ruta de 533 kilómetros, la más larga de las tres que conforman el pAp 2020, con un tiempo estimado encima de la moto de 8 horas y 48 minutos, y si no queremos que el manto de la noche opaque nuestra ruta, algo que se produce poco antes de las 18:00 h, hay que madrugar, “que al que lo hace… la luz abrace”.

Recojo pues el agua del bravo mar para verterlo en el Atlántico, un acto simbólico de hermanamiento, como digo antes, de amistad, de unión entre ambos puntos cardinales. El lugar me recibe como es habitual por estos lares, con un día gris, plomizo, con algo de lluvia, chirimiri más que nada, que ha caído durante el trayecto. Una vez con el preciado tesoro en la maleta de la F 850 GS, una moto ágil, divertida, rápida y versátil, de comportamiento intachable, para disfrutar tanto del asfalto, mayormente, tumbando con asombro y confianza, como en tierra (preguntad si eso a Charly Sinewan o Agustín Ostos…), moto de peso contenido, inicio el pAp.

Ruta de infinitas curvas, delicia de los riders

Enseguida empiezan las carreteras de curvas que disfrutamos cada año en el pAp, recorridos en los que no faltan los tramos serpenteantes, de montaña, de curvas entrelazadas, giros increíbles, tramos de vegetación frondosa que más parece que pases por un túnel de infinitos tonos verdes.

Viajo solo, pero voy bien preparado, no solo por la magnífica moto que conduzco, sino porque llevo el road-book, colocado ya desde Madrid, como reflejo al principio, que resultará, desde el inicio hasta el final, perfecto y exacto. Además, por si fuera poco, llevo también el Navigator VI, cuyos ‘tracks’ me ha puesto mi querido amigo Alfonso Gordon.

A los 40 kilómetros veo una parada de autobús patrocinada por el Gobierno de Cantabria y no resisto la tentación de hacer la primera fotografía ya en ruta. Una de las ventajas de este pAp, es que el horario tanto de salida como de llegada lo marcas tú, con el condicionante, eso sí, de la temprana hora a la que anochece, pero nadie te espera a la llegada, tampoco Tony Hummer para el ‘briefing’. Por lo tanto, me detengo casi tantas veces como observo aquello que excita mis pupilas, prolongación de mí cámara, plasmándolo en ella una y otra vez, maniobra que haré un montón de veces y si al final del pAp, en Punta Umbría, hubiera recibido cinco euros por cada parada realizada para hacer una foto, me hubiera llevado una pasta.

Ruteando por el País Vasco, siguiendo el road book, el paisaje es primoroso, con grandes árboles de tonos ocres por la caída de la hoja en este otoño que premia mi ruta con un escenario que es una delicia y una temperatura de entre 8 y 10º, magnífica para ir en moto. Por otra parte, el trazado, de infinitas curvas, hace las delicias de cualquier rider, aunque hay que ser prudente, pues muchas de ellas, aquellas que están en la sombra, siguen bañadas todavía por el relente de la noche. Un resbalón de la moto al entrar en esa umbría, patinazo que la F 850 GS corrige ella gracias a sus efectivos controles, me pone sobre aviso, agradeciéndolo (primero, por no irme al suelo, y, luego, por la advertencia), pues el exceso de confianza en moto en circunstancias como estas es un exceso no permitido.

Seguir el road-book divierte y engancha

Debo confesar que sigo el road-book, y aunque miro de reojo el Navigator VI, obedecer las indicaciones impresas en el papel me mola, es como si a la diversión de la conducción añadiéramos una segunda, la de interpretar los gráficos que llevo a la izquierda del manillar donde está situado el portaroad-book. Es divertido seguirlo, agudiza los sentidos y la capacidad de orientación y me llena de satisfacción por lo ‘listo’ que soy. Reconozco que en esta VII edición del pAp, el road-book me ha enganchado definitivamente.

Del País Vasco se pasa a Cantabria, no notándolo en un principio, pues los robles siguen ahí, para luego dar paso a las hayas, con sus infinitos colores y las hojas alfombrando la carretera, otro ‘detalle’ a tener en cuenta, pues el ‘grip’ del asfalto al pisarlo con el manto de fronda entremedias se reduce. No obstante, tras el susto inicial relatado, ningún sobresalto más me asaltará en lo que resta de recorrido, disfrutando de la seguridad de la F 850 GS, una moto polivalente, con unas excelentes prestaciones ruteras, ideales para las carreteras secundarias de esta travesía, algunas de ellas con el piso roto, y un comportamiento off-road de lo más satisfactorio. Reconozco que este modelo intermedio de las trail BMW me ha convencido tanto (ya la había probado, por supuesto, pero en este viaje me lo he pasado tan bien con ella, me ha resultado tan divertida y segura, desafiando la ley de la gravedad con tanta seguridad…), que le he pedido una a los Reyes Magos y espero se comporten y sean “majos” de verdad.

Cautelas a tener en cuenta

Otro de los grandes atractivos del pAp son los lugares que vas descubriendo, auténticas joyas de la naturaleza, como la cascada del Ebro, cuyas aguas caen a plomo sorteando las casas (disculpad que no identifique los lugares, pero ése es un atractivo más de la ruta que debe descubrir cada rider siguiendo el road-book). Las pozas verdes, los altos de los puertos de montaña, algunos superando los 1.500 metros de altura, con parada obligada en casi todos para contemplar el paisaje desde semejante atalaya… Las esculturas que homenajean a los mayores, los pueblos colocados en las faldas de las montañas, los monumentos históricos y esos escenarios tan diversos que conforman nuestra excepcional, singular y exclusiva piel de toro que se viven, sienten, huelen incluso, yendo en moto, son el ADN del pAp.

Pero no todo han sido alegrías, porque me ha llenado de pena ver tanto establecimiento cerrado, es verdad que estamos en temporada baja, pero en muchos de ellos, al paso por los pueblos, o bien a la entrada o salida de ellos, bares y restaurantes de carretera, cuyo horario solía ser casi como el de las farmacias de guardia, están ‘chapados’ Dios sabe si para siempre. ¡Cómo nos ha cambiado la vida el coronavirus! Pero no hay que renunciar a seguir disfrutándola -la vida-, siendo prudentes, tomando medidas, por supuesto, pero exprimiendo lo que nos hace felices, viajar en moto tanto como nos sea posible… y nos lo permitan. 

Tres cautelas a tener en cuenta, la primera, las vacas en los puertos de montaña, sobre todo los cántabros, ‘animalicos’ que nos podemos encontrar en medio de la carretera circulando con su parsimonia habitual o sorpresivamente a la salida de una curva. Tampoco hay que descuidar lo que estas criaturas son capaces de evacuar, boñigas que son incompatibles con el agarre de la moto. Atentos pues en las bajadas de los puertos, descensos de vértigo, con curvas y contracurvas en las que vas danzando en un baile sinfín y en la boca una sonrisa… Pero no hay que confiarse.

La tercera precaución es la del combustible. En este pAp hay bastantes estaciones de servicio donde repostar, pero eso no quiere decir que no nos podamos quedar sin él sino somos previsores. El road-book aconseja no esperar hasta el final del depósito para repostar, preocupándome de llenarlo, en mi caso, cuando estaba a la mitad o poco menos, no dejando escapar una gasolinera a partir de entonces, no desaprovechando la ocasión. La ventaja de rodar por carreteras secundarias es que la media de velocidad es baja y el consumo, también, especialmente en la F 850 GS. No obstante, lo dicho, seamos previsores.  

Con precaución debemos obrar también en las carreteras de Castilla León, Comunidad a la que accedemos tras la de Cantabria, pues son tierras de labor -especialmente en la provincia de Burgos- cuyos tractores, al incorporarse a la carretera, dejan un rastro de barro que hay que sortear para nuestra seguridad.

Una cena ‘guapa’ como premio y el merecido descanso

De la exuberancia de Cantabria, pasamos a la sobriedad de Castilla León, tierras castellanas, tierras llanas de labranza, antaño granero de España, donde las carreteras son rectas interminables, toboganes, cambios de rasante, algunos en curva, que hay que abordar con la debida precaución. Tierras de labor, como bien reflejan las huellas embarradas que dejan los tractores sobre el asfalto cuando salen de barbechar -sobre todo si ha llovido-, como indico en el párrafo de arriba.

Finalmente, Ávila, primera etapa del pAp, nos recibe con su señorial porte e histórica muralla. La capital de provincia más alta de España (1.131 metros sobre el nivel del mar), nos acoge tras una larga jornada motera de cerca de diez horas de duración (ya he comentado que mis paradas fotográficas son interminables).

Una cena ‘guapa’ como premio y el merecido descanso en uno de los muchos alojamientos hoteleros que ofrece la ciudad abulense, obrará el milagro de recuperarnos para la jornada siguiente y subirnos a la moto con renovadas fuerzas para afrontar un nuevo día de ruta, emoción y diversión.

Ávila-Mérida, ‘La ruta de la Jara’

Las 8 de la mañana y la calle. Encuentro con la moto, cargándola y repasándola visualmen para comprobar que todo está bien. Todo ok, al menos sobre el papel, que luego, ya en marcha, ratificaré con su conducción. Pero todo funciona como la jornada anterior. La magnífica pantalla TFT de 6,5 pulgadas indica que las presiones de los neumáticos son las correctas: 2,5 delante y 2,9 detrás, ¡adelante pues! Recuerdo la vuelta de otro pAp. Saliendo de San Sebastián, subido en una moto que no tenía el control de la presión de los neumáticos, yendo a 120 km/h en una autopista mojada, rocé el suceso cuando el tren trasero tuvo un intento de adelantar al delantero al estar la rueda pinchada. Tuve suerte de controlar el derrapaje y llegar a una gasolinera para hinchar la rueda (tenía poco menos de un kilo de presión), regresando a casa gracias a que era un neumático sin cámara (tubeless), pero el susto me duró todo el viaje. Desde entonces, miro las presiones en la pantalla (¡qué invento!) o, de no tenerlo, presionando ambas gomas con el dedo pulgar para comprobar cómo andan de aire.

Decía que la F 850 GS se muestra en toda su grandeza, su motor bicilíndrico de 95 CV, cuyo poderío aparece a 4.000 vueltas, es sobrado y divertido. La postura es cómoda y natural y el ancho manillar facilita su manejo, que es fácil y sencillo, por lo que puedes hacer muchos kilómetros con ella sin cansarte, algo que resulta básico en viajes largos por carreteras ratoneras y exigentes como es el pAp. Otra sorpresa es el asiento, pues mis delicadas posaderas no aguantan más de 150 kilómetros sin quejarse, y en este caso toleraron un depósito sin rechistar (repostaje que aprovechaba para estirar las piernas al ir a pagar), más de 250 kilómetros. 

La niebla, pinceladas caprichosas de opacidad

En un momento dado me encuentro con la niebla, fenómeno meteorológico tan caprichoso como comprometido que va dando pinceladas de opacidad aquí y allá, sin saber muy bien porqué aquí sí y más adelante no, saliendo de repente de ese túnel blanco turbador para reencontrarte de nuevo con la luz del día (¡qué alivio!). Y un poco más allá, unos kilómetros o metros tal vez, meterte de nuevo en ese túnel nada fiable; caprichosa la niebla… y peligrosa.

La ruta que me ha de conducir a Mérida es sinuosa y ratonera, con carreteras estrechas de poco tránsito y vegetación muy tupida de brezos, castaños y jaras, que da nombre a esta etapa, la 2 (la anterior, la uno, es ‘La de los ojos’). Yo sigo el infalible road-book, inasequible al fallo, y si ayer lo hizo una vez, no fue su culpa, sino la mía, que interpreté una señal en dirección contraria a la marcada, ¡qué estaría pensando yo!

Por la sierra de Gredos los trazados a transitar son variados, no faltando los tramos de mucha curva donde poner a prueba de nuevo la estabilidad de la BMW. Sobre esto, algunos dudan de la efectividad de la rueda delantera de 21” y de las largas suspensiones sobre el asfalto. Y debo decir que ni una ni otra merman lo más mínimo la estabilidad de la F 850 GS, que es realmente excepcional, con un aplomo y seguridad que te dejan asombrado cuando has ido tras la R 1250 GS de Tony Hummer (aunque eso fue más adelante, concretamente en la siguiente etapa) a paso ligero en un tramo que más parecía un circuito de MotoGP por el precioso trazado e impecable estado del asfalto.

La ruta se introduce en Extremadura, un cambio de escenario tan identificativo como el observado del País Vasco y Cantabria con respecto al de Burgos, pues de la agreste vegetación pasas a la abundancia de encinas y alcornoques, con la jara que sigue presente. Extremadura es abundante en biodiversidad, que es fuente de riqueza natural y turística.

Es curioso ver como a medida que cae el día, los habitantes de los pueblos salen a la carretera a pasear, pues sus lugares de residencia son reducidos, utilizando ese largo e inacabable paseo principal que es la vía de acceso a sus localidades para caminar y frecuentarse, carreteras que carecen de margen a los lados, por lo que debemos extremar la precaución, reduciendo la velocidad.   

Finalmente, y tras otras nueve horas (como cuento antes, mis paradas para fotografiar son mayores que las de cualquiera, pues plasmar lo que veo y recorro forma parte de mi trabajo, dejando constancia de ello, por lo que evitando tanta parada el tiempo empleado en hacer la ruta es menor), llego a Mérida, capital económica de Extremadura. De nuevo, la cena es el premio a tan satisfactoria, aunque cansada, jornada, y la cama la recompensa en la que restablecerse.

Mérida-Punta Umbría

Amanece y el sol ilumina con sus rayos dorados la moto que he situado junto a la pared del Museo Nacional de Arte Romano, donde hay que hacer la foto obligada y enviarla para que conste en el Pasaporte virtual, recibiendo el Finisher que se nos entregará en el pAp 2021 (el road-book señala convenientemente los lugares obligados que hay que retratar para el Pasaporte).

Desde lugar tan hermoso se inicia la tercera etapa, la del lince, con visible cambio de escenario, con mucha hectárea productiva al principio que le da vida las aguas del embalse de Alange. Bares y restaurantes de carretera abiertos que luchan contra el cierre que aboca el Covid-19, ambiente del sur en cualquier caso que siempre me imbuye de alegría y buen rollo.

En un cruce de carretera me encuentro con dos riders, Juan Manuel y Raúl Gutiérrez, de Burgos ambos, gente campechana que se toma la vida con entusiasmo. El primero, lleva una R 1200 RT y el segundo, una R 1250 GS Adventure. Los dos iniciaron el pAp en Palencia, siguiendo desde allí el road-book hasta el final, dejando el inicio, Bilbao, para “cuanto nos abran el País Vasco -cerrado perimetralmente por la pandemia-, y allí estaremos”, asegura Juan Manuel, para quien este pAp es su quinta participación. Del actual, el veterano rider opina que “me ha gustado porque no hay tanta aglomeración, pero también tiene la contrapartida, que no hay ese ambiente, el aliciente de los compañeros, pero para rodar está mejor, porque son grupos reducidos”, añadiendo que “animo a la gente a que haga este pAp, porque es una maravilla disfrutar de la moto y con el rutómetro que nos hace el amigo Tony, lo disfrutas a tope”.

“En el pAp vemos una parte del país que desconocemos”

A Raúl, lo que más le gusta del pAp es que “son unos días que hacemos lo que más nos gusta y que aprovechamos para ver una parte del país que desconocemos seguramente, que no son las carreteras habituales y son superbonitas de ver”. Respecto a esta edición, Raúl recalca que “es distinto, falta ese toque que le da la gente del ‘staff’, que te ponen los sellos, que hablas, consultas alguna duda, el poder viajar en grupo con más amigos, que se han quedado confinados, eso es lo que echamos de menos, pero, por lo demás, todo bien. Pero tengo claro que cuando abran el País Vasco subiremos y lo haremos con los amigos y espérate que igual lo volvemos a hacer todo hasta el final”, avisa entre risas el rider burgalés.

Más adelante me los encontraré a los dos y a alguno más sentados en un banco de piedra situado en una pequeña pradera con una fuente, lugar de foto obligada para el Pasaporte, comiendo las viandas que llevan, aprovechando yo también su amable invitación para llenar el estómago y así tirar hasta Punta Umbría. Un gesto que manifiesta el buen rollo del pAp, la amistosa actitud del rider. Risas, fotos y que siga la ruta.  

En el pAp te dejas llevar por un camino de película que te conduce, gracias al impecable road-book, por escenarios asombrosos, de árboles centenarios, de paisajes montañosos, planicies inacabables de campos de labor, pueblos de cuadros colgados en la pared, monumentos singulares, vistas excelsas, hasta llegar a la otra punta de la que saliste, a otro mar, océano en esta ocasión, para verter el tesoro líquido que tomaste prestado en el norte, el agua que da sentido simbólico al viaje, en el Atlántico.

En un punto del camino, antes de hacer el tramo de tierra que, como siempre, carece de dificultad, me encuentro con Alexander von Scheidt, Director de BMW Motorrad España, que hace el pAp con la nueva y espectacular R 1250 GS 40 Aniversario, junto a Álvaro Massó, del departamento de Marketing de BMW Motorrad España y Tony Hummer, el responsable del recorrido del pAp y de su organización. Me uno pues a ellos para hacer juntos lo que resta de ruta. Al iniciar el recorrido off-road, se unen también Raúl y Juan Manuel, que con su RT no tiene dificultad alguna en avanzar por la pista. Así pues, que los tramos de tierra no le corten el rollo a nadie, vaya con la moto que lleve, pues son para todos los públicos… y motos.

Un tramo de ‘MotoGP’ para disfrutar de la efectiva F 850 GS 

En el último tramo, antes de llegar a Punta Umbría, te encuentras con el tramo de ‘MotoGP’ antes mencionado, donde Tony y yo damos gas con control y medida. Siguiéndole a buen paso, la F 850 GS vuelve a mostrar su potencial. La estabilidad es magnífica, metiendo la moto por la trazada elegida, pues no cuesta nada hacerlo, controlándola siempre, evidenciando que ‘curvear’ con la BMW es fácil y divertido.

Por otra parte, en tramos como este es dónde se nota la practicidad del cambio Pro, subiendo y bajando marchas sin tocar el embrague, despreocupándote de la maneta izquierda, haciendo más cómoda y efectiva la conducción, opción que en mi F 850 GS, la que me traerán los ‘Reyes Majos’, no faltará.

La frenada de la BMW es efectiva y rotunda, notando en las frenadas extremas como baja la suspensión delantera. Nada mejor para reducirlo que entrar en las curvas tocando el freno trasero también (aun cuando la BMW dispone de frenada combinada), equilibrando entonces ambos trenes, logrando una mayor eficacia y un mejor control, aumentando la sensación de seguridad.

Al caer la tarde, llegamos a Punta Umbría, depositando el agua del Cantábrico en el Atlántico antes de ir al hotel, acto que, además de representar lo reflejado al principio del artículo, refleja también la satisfacción por lo vivido durante tres días, por la diversión y emoción en esos 1.500 kilómetros y la felicidad por acabarlos sin incidencias.

Por la noche, toca celebración en un chiringuito playero escuchando el romper de las olas -¡qué lujazo!- junto a la agradable compañía de los amigos ruteros con los que has coincidido en la travesía. Anécdotas, risas y charla de riders, que hay mucho que comentar tras 1.500 kilómetros de ruta.

Decía un profesor mío que la felicidad consistía en pequeños cuartos de hora y unir cuantos más mejor. Con el pAp se unen muchos cuartos de hora, mi moto, mi cámara y yo haciendo lo que más me gusta, ¡qué más se puede pedir!

(Solo resta que levanten las restricciones que rigen en las diferentes Comunidades por la pandemia para disfrutar del pAp, aquellos que todavía no lo hayan hecho, un año más. Hay tiempo hasta el 31 de diciembre. Espero que lo disfrutéis tanto como yo).

Por José Mª Alegre

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