BP Statistical Review of World Energy 2012

BPChristof Rühl, economista jefe de BP, presentó los datos del BP Statistical Review of World Energy 2012, en los que se muestra la pujanza de los combustibles fósiles en el consumo de energía.

El BP Statistical Review of World Energy 2012, presentado por Christof Rühl, economista jefe de BP, sirvió para corroborar la supremacía de los combustibles fósiles en el consumo de energía, pues registraron un 87% de cuota de mercado, mientras que las energías renovables subieron más rápidamente, aunque únicamente representan el 2% del total global. El petróleo sigue siendo el combustible líder a nivel mundial con el 33,1% del uso de energía. Su consumo fue de 88 millones de barriles por día, después de una subida de 0,6 millones de barriles diarios.

Los precios del Brent superaron los cien dólares por barril por primera vez en la historia, con 111,26 dólares/barril. Por su parte, los costes del gas aumentaron enormemente en línea con los del petróleo, excepto en Norteamérica, donde los precios alcanzaron descuentos récord tanto para el petróleo crudo como para los mercados internacionales de gas.

El consumo de gas natural a nivel mundial creció un 2,2% por debajo de la media, en todas las regiones, excepto en Norteamérica. Hubo una bajada récord en el consumo de gas dentro de la UE (-9,9%) debido a la débil economía, los altos precios, el clima templado y un crecimiento continuado de la generación eléctrica renovable.

La producción de gas creció globalmente un 3,1%; los EE.UU. registraron un crecimiento del 7,7% y es el mayor productor del mundo. En Catar, la producción aumentó rápidamente (+25,8%), en Rusia (+3,1%) y en Turkmenistán (+40,6%), lo que compensa más que suficientemente las bajadas en Libia (-75,6%) y en el RU (-20,8%). La bajada en la producción de gas dentro de la UE resultó la más alta registrada (-11,4%). Asimismo, el comercio de gas natural creció de forma moderada alrededor del 4%, impulsado por el crecimiento del 10,1% del gas natural licuado (GNL) con Catar (+34,8%) teniendo el 87,7% del incremento de este GNL.

El carbón volvió a ser el combustible fósil que más rápido creció, con consecuencias previsibles para las emisiones de carbono; ahora representa el 30,3% del consumo de energia global, la cuota más alta desde 1969. El consumo de carbón de la OCDE bajó alrededor del 1,1%, aunque la UE utilizó un 3,6% más, ya que el gas natural fue desviado a Asia. Los precios subieron en todas las regiones.

La producción de energia nuclear cayó un 4,3%, la bajada más acuciada registrada se dio en Japón (-44,3%) y en Alemania (-23,2%). La producción de energía hidroeléctrica creció solamente un 1,6%, el crecimiento más debil desde 2003.

“Trás el cierre de las plantas nucleares alemanas y japonesas, el impacto global del incidente de Fukushima en los mercados energéticos ha sido, de hecho, bajo,” comentó Rühl.

Las fuentes de energía renovable tuvieron resultados diversos, con el estancamiento de la producción global de biocombustibles (+0,7% o equivalente a10.000 barriles por día), siendo la subida más baja vista desde 2000. El crecimiento en los EE.UU. se ralentizó ya que la cuota de etanol en gasolina se acerca al “límite de mezcla”. La producción brasileña se vio afectada (-15,3%) por una pobre cosecha de azúcar.

La energía renovable utilizada en la generación de electricidad se elevó por encima de una media del 17,7% impulsada por la energía eólica (+25,8%) que por primera vez representó más de la mitad de la generación eléctrica renovable; siendo EE.UU y China los que mostraron los mayores incrementos. La generación de electricidad solar alcanzó el 86,3% aunque partiendo de niveles bajos.

Todos estos datos sugieren que el crecimiento de las emisiones globales de dióxido de carbono provenientes del uso de energía continuó en 2011, aunque con una tasa más baja que en 2010.

Para concluir, Christof Rühl dijo: “Creo que hay algunas conclusiones a tener en cuenta en este año de alteraciones, con un crecimiento que parece normal y en línea con los cambios estructurales a largo plazo. Estas conclusiones giran en torno a la flexibilidad de los mercados: la capacidad para incrementar la producción, para sustituir los combustibles, y para cambiar los flujos comerciales han sido cruciales para facilitar el modo en que se ha adaptado el sistema. Para que esto funcione, se debe permitir que los precios adquieran el papel de señales que guíen la reasignación de los flujos de energía. Nuestros mensajes cambian muy poco: y uno de ellos es elogiar el papel de los mercados en garantizar la seguridad de la energia.

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