Citroën C4 Cactus. Curioso, original y revolucionario

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Por José Mª Alegre
El Citroën C4 Cactus es un turismo cuyas medidas (4,16 metros de longitud, 1,73 ancho y 1,48 de altura) son algo menores que las de su hermano de gama el C4. Es un coche curioso, original, revolucionario y con buen precio, desde 14.750 euros.

Curioso, porque su estética, siendo sencilla y agradable, llama la atención por los protectores que rodean la carrocería, los llamados ‘airbumps’, paneles de plástico y aire que la protege de los pequeños golpes cotidianos. Una especie de airbag pero exterior. Por otra parte, lleva barras en el techo elevadas y de generoso tamaño. Si te abstraes de esos ‘airbumps’, el Cactus resulta muy agradable a la vista y no es que no lo sea con los citados paneles, que ciertamente lo camufla, simplemente hay que acostumbrarse a ellos como ocurre con todo lo innovador. Ágil y ligero, el Cactus tiene un peso de sólo 1.040 kilos, 235 menos que un C4, debido al empleo de materiales livianos, lo que le permite utilizar motores de potencia comedida con el consiguiente ahorro de combustible y emisiones y también precio.

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Su interior también es curioso, aunque el adjetivo revolucionario le hace más justicia. Y eso es así porque, primero, siendo algo menor que el C4, tal como reflejo al principio, la capacidad interior es sorprendente al haber situado las ruedas en los extremos de la carrocería, ganando en batalla y, por lo tanto, espacio. Lo es, también, por las soluciones que aporta, como los asientos delanteros que están unidos por la banqueta, dando una sensación de desahogo y comodidad. Y su insurrección llega al máximo cuando comprobamos que los mandos y botones que en algunos modelos les hace parecer naves espaciales, han desaparecido, salvo el de las luces a la izquierda del volante y el del limpia, a la derecha.

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¿Y dónde están? Pues se alojan en dos pantallas, la que el conductor tiene en frente, que le informa de la velocidad, combustible y poco más, y la que está en el centro del salpicadero, de 7 pulgadas, que también es navegador. En ésta, de uso táctil, fácil e intuitiva, se encuentran todos los controles del Cactus, que no son pocos, pues el modelo viene con un buen equipamiento y también opciones de seguridad y confort, como el asistente de arranque en rampa, cámara de aparcamiento trasera, luces diurnas de led, ESP o el Citroën eTouch, sistema de llamada de urgencia para que acudan a socorrernos en caso de accidente, etc. Sin olvidar, el ordenador de abordo, mandos de la radio en el volante, asiento trasero abatible monobloque, techo panorámico espectacular, etc. De esta forma, con la ausencia de instrumentación analógica, pues toda ella está, repito, casi en su totalidad, en ambas pantallas, lo que se percibe al entrar en el Cactus son formas limpias y pulcras, volumen, mucha luz y modernidad que lo hacen muy agradable y alegre.

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Tres motores
Tres son los motores disponibles de este modelo perteneciente al segmento B-SUV y cuyos rivales los encuentra, el primero, en casa, el Peugeot 2008, y el resto fuera, como el Renault Captur, el Nissan Juke o el Ford EcoSport. Dos diésel, de 92 (desde 16.850 euros) y 100 CV (desde 16.950 euros), ambos de cuatro cilindros, con un consumo urbano, el primero, de sólo 3,8 l/100 km y 3,5 litros el ponderado, emitiendo 92 gr/km de CO2, y un propulsor de gasolina de 82 CV (desde 14.750 euros, precio de acceso a la gama) y tres cilindros y para el que el fabricante anuncia un gasto medio de 4,6 l/100 km y 107 gr/km de CO2.

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En 2015 llegará el de 110 CV, también de gasolina. Si el diésel me pareció un tanto sosegado, el de gasolina de 82 CV, con caja automática de 6 velocidades y tracción delantera (obvio en un Citroën), me gustó por su silencio, ausencia de vibraciones, dinamismo y buenas prestaciones para rodar por carretera y ciudad de forma competente.

No fueron muchos los kilómetros que rodé con el Cactus, pero fueron suficientes para notar su confort, la buena habitabilidad interior (tiene capacidad para 5 personas, aunque 4 viajarán mejor que si van al cupo), un generoso maletero de 369 litros, lo agradable que es y la complacencia que produce conducirlo. Es un coche simpático que entra muy bien a la vista por su originalidad y líneas seductoras, sensación que se traslada al conducirlo, convenciendo su buen rodar.

Y si el Cactus es original, no menos lo es la novedosa fórmula aplicada por Citroën para su venta a particulares, con una módica entrada inicial se abona una cuota mensual en función de los servicios que solicite el cliente, como el seguro, mantenimiento, etc. La otra fórmula es la de fijar un pago al mes según los kilómetros que se recorran al año.

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