El monumental engaño de VW: ¿Por qué?

logo-vw-oct-2012El escándalo de la manipulación de las emisiones de sus coches por parte del Grupo Volkswagen es un hecho de tan difícil comprensión que no cabe en cabeza alguna (salvo en la de la competencia, en el caso de que fuera tan maquiavélica) la comisión de semejante fraude por las consecuencias tan desastrosas que le van a reportar al gigante alemán. ¿Por qué sus responsables no pensaron en ello?

No es fácil entender por qué Volkswagen manipuló sus vehículos. Si todos (o casi) los (presuntos) delitos, irregularidades, ilegalidades, etc, acaban descubriéndose (casi todos, repito), cómo es posible que el grupo automovilístico número uno del mundo cayera en la irresponsabilidad de trucar la emisión de gases de sus coches para superar los controles de contaminación en un burdo engaño que tarde o temprano se iba a saber? Es posible que un coloso empresarial como la marca alemana no pensara en las consecuencias de conocerse el fraude? No pensó que el escándalo iba a ser mayúsculo y los daños descomunales? Los beneficios de VW durante los años de la treta le compensarán de las pérdidas todavía incalculables que ya está sufriendo? A nadie de los que conocían la trampa se le pasó por la cabeza que el descrédito no sólo lo sufriría VW, sino todas las marcas del Grupo? Y ahora, qué pasa con los propulsores diésel, sobre todo en EEUU, país donde el constructor germano los estaba introduciendo? Pues que se acabó el sueño del gasóleo en el país del Tío Sam, porque VW ya ha anunciado que retira de ese mercado todos los coches con ese combustible. Tampoco se les ocurrió a los directivos urdidores de la falsedad que podría pasar eso? Cuándo los mandamases estaban maquinando el hecho que nos ocupa no tuvieron conciencia de que emitiendo sus coches más gases nocivos de los permitidos contaminarían el aire que respiramos, perjudicando a todos, los que compraron sus coches y los que respiran sus emanaciones insalubres?

Pero la torpeza de VW es tan monumental que la artimaña ahora descubierta pone en jaque a la propia empresa, a sus miles de trabajadores, las inversiones previstas, entre ellas las de España, al resto de firmas del Grupo, a su prestigio como tal, a la fiabilidad del made in Germany, a la industria de la automoción en general y a la confianza de los usuarios. Quién dio la orden de colocar en los motores de VW el software tramposo? Cuántos lo sabían? Cómo lo permitieron? En manos de quién o quiénes está la firma automovilística más grande del mundo? Qué va a hacer ahora VW?

Demasiados interrogantes para comprender lo incomprensible (hay quien habla de vendetta de las familias que controlan al gigante de Wolfsburg. De hecho, éstas no estaban de acuerdo con el nombramiento de Martin Winterkorn, el presidente ahora dimitido tras el escándalo, pues su hombre era Matthias Muller, que, ¡oh casualidad!, ahora va a sustituir a Winterkorn, ¿guerra resuelta?).

En un pequeño establecimiento de dudosa rentabilidad podría entenderse la falta de ética (que no justificar), pero no en un imperio como el de VW, que se supone está dirigido por cabezas pensantes rectas y honorables que además de velar por el negocio velan también por la limpieza del mismo.

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