F-1, Australia: ¿Otro año en blanco?

Puede que el titular sea prematuro, pues únicamente se acaba de iniciar el campeonato de Fórmula 1. Pero llevamos dos años viendo cómo Ferrari se arrastra por los circuitos confiándose al talento de Fernando Alonso y en Australia volvió a suceder. No es posible que con todos los recursos a su alcance, la Scuderia le dé al mejor piloto uno de los peores bólidos. ¿A qué espera Montezemolo?

Tras una clasificación decepcionante, al salirse de la pista en la Q2, seguramente por ir al límite para contrarrestar el decepcionante rendimiento de su Ferrari, Fernando Alonso inició la primera carrera del año desde la duodécima posición. En la cabeza de la parrilla, los dos McLaren, bellos e inalcanzables, que no han sucumbido al antiestético morro de pato adoptado por otras marcas con dudosa eficacia, con Lewis Hamilton por delante de su compañero Jenson Button. Detrás de los británicos, el sorprendente Romain Grosjean subido en uno de los bólidos más en forma del paddock, el Lotus. Le seguían un renacido Michael Schumacher (Mercedes GP); Mark Webber, por delante de su compañero, el bicampeón Sebastian Vettel, cuyos Red Bull no parecen tener tantas alas esta temporada; Nico Rosberg (Mercedes GP); el protegido del populista Hugo Chávez, el fogoso Pastor Maldonado (su continuidad en la escudería Williams ha sido posible gracias al apoyo económico del Gobierno de su país); Nico Hulkenberg (Force India); Daniel Ricciardo (Toro Rosso) y su compañero, Jean Eric Vergne. Y allí, Fernando Alonso, detrás de campeones y novatos, encajado entre ellos y un pelotón de nombres deseosos de triunfar a toda costa, como el peligroso Kamui Kobayashi (Sauber), Bruno Senna (Williams), el mismo compañero del español, Felipe Massa, que, un año más, no parece que vaya a ejercer como tal, a juzgar por su enésimo pésimo resultado, y el recuperado Kimi Raikkonen (Lotus), que partía en la posición 18.

Salida fulgurante de Alonso
Se apagó el semáforo y el asturiano nos brindó una de sus magníficas salidas (de hecho, toda la prueba fue una demostración de talento del español, de pilotaje al límite sin cometer ningún error), adelantando hasta cuatro rivales y situándose octavo. En la segunda vuelta, el peleón Maldonado, con un vitaminado Williams, echó de la pista a la sorpresa de los entrenamientos, el francés Grosjean, cuya bisoñez le dejó clavado en la misma salida, quedando en la sexta plaza. Efectivamente, el venezolano golpeó al galo, en lo que los comisarios entendieron como un lance de carrera, rompiéndole la suspensión y mandándole al garaje. Tanta emoción fue demasiada para el hispano, que se salió de la pista para volver a ella, pero perdiendo puestos. Las maniobras del piloto de Williams elevaron al asturiano hasta la sexta plaza, ganando una más con el abandono de Schumacher, debido a un fallo mecánico, cuando iba tercero, dejando la plaza a Vettel. Por delante, el elegante Button, que le había arrebatado la posición al inquieto Hamilton, poniendo enseguida asfalto de por medio.

Safety Car, suerte desigual
En la vuelta 37, la avería del coche de Vitaly Petrov (Caterham), en la misma recta de meta, obligó a salir al Safety Car, con suerte para Alonso, que dos vueltas antes, yendo cuarto, había entrado al pit lane para poner ruedas nuevas, retrasándole cuatro puestos. La salida a la pista del comisario permitió al español subir al quinto lugar. No menos fortuna tuvo Vettel, el chico del dedo índice en alto (veremos si este año lo levanta tanto como en los dos últimos), que logró colarse entre los dos McLaren.

En el giro 41 se reinició la prueba, manteniéndose los puestos, con Button huyendo rápidamente del alemán y evitando así la lucha entre éste, Hamilton y Webber. Por detrás del australiano, perdiendo distancia, Alonso, que bastante tenía con aguantar las embestidas de Maldonado. Con un Williams que esta temporada estrena asociación con Renault, que provee de motores a la escudería del hierático Frank, el venezolano mostró en Australia lo mejor y lo peor de sí mismo. Se deshizo de Grosjean, tal como se cita al principio, se colocó sexto en la última parte de la prueba y se puso a perseguir al piloto de Ferrari a diez giros para el final. Sin embargo, Alonso aguantó la presión del hispano, con premio desigual para ambos. Mientras que el asturiano mantuvo el quinto puesto, a pesar del decepcionante rendimiento de su bólido rojo, el venezolano no templó los nervios en la persecución al doble campeón del mundo, cometiendo un error en la última vuelta al acelerar excesivamente en una curva, fallo que lo llevó contra el muro, echando a perder una magnífica clasificación que tenía en el bolsillo. ¡Pero qué mal se lo hizo pasar a Alonso!, sincerándose al confesar que “respiré profundo cuando vi que Pastor ya no me seguía”.

Emoción y lamento
Emocionante también la persecución de Webber a Hamilton para intentar arrebatarle el tercer puesto y subirse así al podio del GP de su país por primera vez. Pero deberá esperar un año más.

Vimos a Shumacher tercero, hasta que se le rompió el Mercedes; y a su compañero Rosberg, muy combativo, pero el problema de los bólidos de la estrella sigue siendo su deficiente ritmo en carrera, todo lo contrario que en los cronos. Y vimos fracasar una vez más a Massa, al que un toque con Senna retiró a ambos de la circulación cuando luchaban por los puestos de atrás. Lamentar la ausencia de Pedro de la Rosa (HRT), que no consiguió el tiempo mínimo establecido para tomar la salida.

La diversión la puso Raikkonen, que en su retorno al circo se batió el cobre con el pelotón, acabando en un honroso octavo lugar. Y Pérez, que saliendo el último y haciendo una demostración de cómo conservar las gomas, firmó un magnífico noveno puesto.

Acabada la carrera, Alonso reconoció la dificultad de su quinto lugar, debiendo mejorar “para estar adelante, porque está todo muy apretado”, en clara referencia a la competitividad y rendimiento de la gran mayoría de escuderías. “Hemos de trabajar mucho”, dijo el asturiano, “nos falta velocidad y también algunas cosas más, pero estoy contento de este puesto”.

El domingo próximo contemplaremos (por la tele, claro) la segunda prueba del campeonato, reñido y emocionante, pues hay muchas escuderías que tienen capacidad para firmar buenos resultados y poner en apuros a los hasta ahora intocables. En Malasia veremos también el pique de Hamilton con Button. La mala cara del primero, que no quiso o no pudo disimular su disgusto por la derrota que atribuía al mal rendimiento de su McLaren, puede tener su continuidad en el trazado asiático.

Pero, sobre todo, en Sepang comprobaremos si a Alonso su equipo, el de más prestigio y recursos de cuantos hay en la parrilla, le da un coche como debe y merece, aunque, visto lo sucedido en los dos últimos años, es para ponerlo en duda. ¿A qué espera Luca Cordero di Montezemolo para poner orden en Maranello, empezando por el responsable de la Scuderia?

F1 Australia Button

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