Los Clasics & Legends en el circuito Ricardo Tormo: un espectáculo inmenso (Galería 42 fotos)

1-Yamaha-contra-Honda.

Nos gusta la cita con los clásicos, ésta vez en Cheste, en el Circuito Ricardo Tormo. Desde que llegamos al trazado valenciano, bajo nuestro sol del Mediterráneo, pero con algo de frío, no sabemos dónde mirar, pues el espectáculo del motor que se abre ante nuestros ojos es inmenso y hermoso.

Las joyas que allí nos esperan, tanto de dos, como de cuatro ruedas, hace que pasemos todo el día con la sonrisa puesta y haciendo fotos, conviviendo con leyendas vivas del motor y disfrutando del ruido y del olor tan característico de los motores de dos y también de cuatro tiempos.

Los cromados, las marcas históricas, propulsores y piezas únicas y motos que han llevado manos tan admiradas como las de Carlos Cardús, Joey Dunlop, Wayne Rainey, Carlos Lavado, Jim Redman, Pier Paolo Bianchi y el Príncipe de la Velocidad, el gran Phil Read.

No importan los 77 años de Read, ni los otros tantos que tienen las restantes leyendas vivas del motor. Lo sustancial es el contacto con los aficionados, con sus monos puestos, firmando autógrafos, haciéndose fotos y, sobre todo, subiéndose a sus motos para realizar la exhibición. Mejor dicho, para divertirse en una carrera entre amigos.

Tengo que contar mi anécdota. Read me vio, llamándome para que me acercara, mirándole embobada, y a su vera me fui, claro. Me saludó con un apretón de manos y entonces me dijo: “Oh… yours hands are very cold…”, frotándome con sus manos expertas de piloto. Sonriendo, le digo que sí, que hace frío, y que quiero una foto con él. Entonces, me pasa el brazo por detrás, un abrazote de oso, y tras la foto, vuelve a coger mis manos y sigue frotando, mientras más gente hace cola para esa foto con la estrella del evento, ¡increíble!

Read recibe el merecido apodo de Príncipe de la Velocidad, por sus siete títulos de campeón del mundo en las décadas de los 60 y 70, consiguiendo 52 victorias y 121 podios. Además, fue el ganador de la legendaria carrera de la Isla de Man en ocho ocasiones y otras dos de las 500 millas de Thruxton. Una gloria viva.

Vemos a Carlos Lavado, con sus gafas, su risa contagiosa, preparando su Yamaha, su cámara on board y hablando tan deprisa en italiano que casi no le entendíamos nada, bueno, nos decía una foto ¡5 euros! y se reía. El venezolano fue bicampeón del mundo de 250cc en 1983 y 1986, con sus quince temporadas como piloto a sus espaldas.

Creo que los mismos protagonistas de jornada tan histórica se sorprendían de ver a tanta gente a su alrededor intentando conseguir una imagen o un autógrafo. Un gran ambiente, que quizá se ha perdido en la actualidad.

Otros campeones, como Jim Redman, de 83 años, con seis títulos a las espaldas, y Pier Paolo Bianchi, tricampeón y rival de Angel Nieto en los ochenta, finalizan el elenco de estrellas.

En el ámbito de la competición, se celebraron varias carreras, además de las exhibiciones de coches históricos, F1 clásicos y motos: Trofeo Las Provincias, Iberian Historic Endurance y Trofeo Internacional Paco González.

Los coches clásicos son impresionantes, los Clubs que los exhiben hacen un excelente trabajo. Nos llamó la atención, además del parking de camiones, autobuses e incluso un coche de bomberos, todos ellos Pegaso, las bicicletas y, sobre todo, las motos, algunas de ellas piezas únicas de colección. Una de ellas, la espectacular Laverda 1000 V6, con su poderoso motor y su tecnología del año 73, un prototipo que impresionaba el rugir de sus escapes, junto con sus hermanas bicilíndricas. La escuadra naranja.

También estaba la Ossa monocasco de Santi Herrero, una moto que al verla de cerca te das cuenta de su rigidez y del diseño adelantado a su época con la que el malogrado piloto estuvo a punto de conquistar el Campeonato del Mundo de 250 cc en 1969. El trabajo de éste piloto, junto a Eduardo Giro, nos traslada a aquélla época y a la fatídica milla 13 del Tourist Trophy de 1970 en la que perdió la vida.

No faltaron nuestras clásicas de la industria española, Montesa y Bultaco. Exposiciones de las británicas Norton y BSA, verdaderas joyas de la Corona. Las italianas, rojas, por supuesto, MV Augusta y Gilera, con su diseño aerodinámico de la época. Y muchas deportivas japonesas de todos los años, marcas y colores, en un mar de motos que aguardan en los boxes y que hacía que la vista no supiera a dónde acudir.

Encienden los motores y suena atronador, escapes de la época sin las restricciones de ruido actuales, respirando de cerca ese olor tan característico del dos tiempos, que nos encanta.

Nos metemos entre las motos, con sus focos encendidos, pues va a caer la noche y empieza un relevo de clásicas nocturnas. Desde el muro observamos como se aproximan sus luces y como pasan tan rápidas como sus caballos les permiten.

No hay rivalidades, es pura diversión sobre dos ruedas. Ahí está Bianchi, esperando su relevo, nervioso, saltando sobre la moto que es empujada por Carlos Lavado que le ayuda a arrancar sin dejar de reírse.

Da gusto contemplar monos de cuero, que guardan tantos años, juntos. Monos desgastados y dados de sí. Ya sabemos lo que queremos ser de mayores, al menos habrá un circuito con Clasics & Legend al que acudir a rodar.

Nos vamos con la noche cerrada, mientras los equipos cierran sus boxes y con la visión de un jamón que empieza a escasear. Somos unos cierracircuitos.

Por Silvia González y Juan Carlos Baigorri

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