MotorLand Classic Festival 2016, la fiesta de los recuerdos y los sueños

1100 Team Alfs Endurance

1100 Team Alfs Endurance

Cuando eres un apasionado del mundo del motor, no puedes perderte un evento en el que los clásicos, joyas tanto de dos como de cuatro ruedas, son los protagonistas. Sus dueños las conservan y cuidan para disfrutarlas en eventos como el que se desarrolló en la cita anual del vehículo clásico en Motorland.

Es nuestro tercer año asistiendo a este evento, el MotorLand Classic Festival y Feria Autoclassic, y cada año hemos comprobado cómo se supera, hay más participación y actividades con las que disfrutar. Lo mejor es el ambiente, como siempre, con numerosa asistencia de aficionados, clubes y participantes en las numerosas tandas que prepara la organización. Coches, motocicletas, camiones, sidecars, y, en ésta ocasión, además, bicicletas, que participan en exposiciones y en competiciones internacionales.

Queremos centrar nuestra crónica en la carrera de resistencia de las European Classic Series, campeonato de motos que agrupa las categorías Maxi-Classic; Classic 1000; 750, y 750 TT. Pruebas de resistencia en la que se compite por equipos de hasta tres pilotos, que hacen turnos sucesivos en las cuatro horas de duración de la carrera. Salen de día y acaban en noche cerrada.

En esta competición vimos, entre otras, joyas como la Suzuki F1, la Moto Guzzi Le Mans II, la Ducati TT2 o la Kawasaki Godier Genoud. Con el número 1 participó Ian Simpson, triple ganador del TT Isla de Man, montando la Suzuki Formula 1, y su equipo el S Sweatshop Phase One II, a quien seguimos en pista.

Esas ‘abuelitas’ que tumban, enderezan y aceleran

Salimos de Zaragoza a primera hora del sábado, y una espesa niebla nos acompañó todo el camino, temiendo que a nuestra llegada se hubieran suspendido las rodadas y tandas de motos y coches clásicos. Pero al llegar al circuito, vimos cómo, de repente, se despejaba el cielo y comenzaba a lucir un inmenso sol, que nos acompañó por suerte toda la jornada.

Lo que más nos atrae de este evento son los medios con los que cuentan los equipos participantes y la verdadera afición que desprenden. Furgonetas, caravanas, las tiendas de acampada en mitad del paddock, esa olla en el box en la que alguien está cocinando la comida de todo el equipo mientras el resto se afana en que las cosas funcionen. Cada uno tiene su rol, mecánicos que preparan las motos, familiares que limpian los monos, preparan comidas y ayudan en el muro indicando a los suyos los tiempos por vuelta.

Suenan las sirenas de los garajes, que avisan del inicio de salida a pista. Nos desplazamos al pit lane y vemos el nerviosismo de los pilotos y sus equipos. Se preparan, una palmada en la espalda, un piloto agachado se concentra y alguien le enseña el reloj en su muñeca. es la hora.

Pilotos que dejan ver sus gafas graduadas debajo de los cascos, los años no perdonan, pero al dar al contacto y calentar motores se olvidan todo. Se olvidan los años, los achaques que hacen sudar al enfundarse esos monos de cuero machacados de caídas y roces, hasta dejan de doler rodillas y espaldas. Cada piloto con su máquina, no importa nada más. Es la hora, los semáforos se ponen verdes y los pilotos hablan en la pista.

Queremos fotografiar las motos evolucionando por el circuito en un momento determinado del día, y éste ha llegado. La puesta de sol se refleja en el muro de Motorland, y en las curvas siguientes buscamos nuestra oportunidad, que nos traerá el reflejo del sol sobre las motos y las primeras luces de los focos de éstas y de los leds de colores. Es la carrera de resistencia nocturna de clásicas y es apasionante.

Las clásicas bailan en la pista, escuchamos como crujen sus engranajes en cada curva, vemos las chispas que saltan cuando tocan con alguno de sus hierros y escuchamos ese ruido característico de las deslizaderas de los monos de los pilotos al contacto con el asfalto. Se nos pone la piel de gallina y el reflejo del sol nos devuelve los rostros de los pilotos dentro de sus cascos, concentración absoluta.

No tienen nada que envidiar a las grandes competiciones, porque con sus medios entregan todo en la pista, con esas abuelitas que tumban y enderezan, aceleran, escasamente iluminan y que a veces, casi ni arrancan. Tras estar un par de horas por la pista, volvemos al pit lane, queremos acabar la última parte de la carrera allí, fotografiando los repostajes.

Cada equipo es controlado por un comisario que anota todas las incidencias y duración de cada repostaje. El reglamento es estricto y complicado y no se deja pasar por alto ni un solo detalle.

Hace cada vez más frío, pero cada momento en pista es garantía de que pasan cosas, así que aguantamos hasta el final. Cuatro horas de puro espectáculo para los amantes de las carreras, las motos clásicas y, sobre todo, de la pasión motera con mayúsculas.

Los ganadores celebran su pódium ya en una noche cerrada, y ponemos final a éste día que nos devolverá, nuevamente con una espesa niebla, hasta casa. Hasta el siguiente año.

Silvia González – Juan Carlos Baigorri

Photo&Motor

MotorLand Classic Festival, una fiesta del motor clásico

Los otros eventos que ofrece la organización son el V Rally de Regularidad MotorLand Classic Festival, que transcurre por 500 kilómetros en carretera abierta y tramos que atraviesan los diferentes circuitos de MotorLand.

La Formula Vintage, con participación de monoplazas de los años 70, 80 y 90.

La Feria Autoclassic, en su 23ª edición, dedicada al mundo del vehículo clásico en todas sus vertientes y en la que se pueden encontrar piezas para restaurar coches y motos, revistas especializadas, miniaturas, libros, accesorios y representantes de clubes de aficionados.

La Pedal Classic, que presenta modelos desde custom a BMX, pasando por bicicletas de carretera o de trialsin.

El Trial de Clásicas, puntuable para el Campeonato de Aragón de la especialidad, incluyendo una prueba de trial con la participación de motos clásicas.

Dejar un comentario

Catalogado como Competición

Deja un comentario