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El Citroën BX GTi cumple 40 años: la berlina que quiso unir prestaciones y confort

El Citroën BX GTi celebra 40 años desde su llegada al mercado (1986-1994). Nacido como la variante más deportiva de una de las berlinas de mayor éxito de la marca francesa, combinó 125 CV, bajo peso y suspensión hidroneumática con el confort y la versatilidad propios del BX, una fórmula singular en su época.

Cuatro décadas después de su aparición, el Citroën BX GTi conserva un lugar propio entre las berlinas deportivas de los años ochenta. Llegó en julio de 1986, coincidiendo con el rediseño del BX, cuatro años después del lanzamiento de un modelo que acabaría superando los 2,3 millones de unidades producidas hasta 1994. Diseñado originalmente por Bertone bajo la dirección de Marcello Gandini, el BX había demostrado que una carrocería de líneas poco convencionales podía convertirse en un éxito comercial. El GTi llevó esa personalidad al terreno de las prestaciones.

Deportividad sin renunciar a ser una berlina

El BX GTi sustituyó al BX 19 GT y al BX Sport con un planteamiento que evitaba convertir las prestaciones en un fin exclusivo. Citroën buscó reunir el carácter deportivo del Sport con un nivel de confort que permitiese seguir utilizando el automóvil como una auténtica berlina familiar. El rediseño introdujo pasos de rueda más anchos, parachoques envolventes e intermitentes blancos alineados con los faros, además de un tratamiento anticorrosión de la carrocería mediante galvanización.

Con 4,24 metros de longitud, el GTi se distinguía por elementos relativamente discretos: alerón posterior, faros antiniebla procedentes del BX Sport, embellecedores de llantas, neumáticos específicos y los logotipos ‘GTI’ situados en las ventanillas posteriores y el portón. No necesitaba una transformación radical para anunciar que ocupaba el escalón deportivo de la familia BX.

La diferencia principal estaba bajo el capó. Su cuatro cilindros de ocho válvulas e inyección electrónica entregaba 125 CV DIN y 175 Nm de par a 4.500 rpm. Podía aproximarse a los 200 km/h y cubrir el kilómetro desde parado en 30,5 segundos. Pero una de sus mejores armas era el peso: apenas 1.025 kilos en orden de marcha, que dejaban la relación peso/potencia en 8,2 kg/CV y contribuían decisivamente a su agilidad.

La hidroneumática también podía ser deportiva

Citroën mantuvo en el GTi una de las señas de identidad técnicas de la marca: la suspensión hidroneumática. Para esta versión recibió unos reglajes más firmes, destinados a mejorar el comportamiento dinámico sin sacrificar una de las cualidades esenciales del BX, su comodidad. Frente a rivales de planteamiento más radical, el modelo francés proponía otra manera de entender una berlina rápida.

Cuatro frenos de disco, dirección asistida y la posibilidad de incorporar ABS completaban un conjunto concebido para combinar eficacia y facilidad de conducción. La suspensión permitía filtrar las irregularidades del asfalto y, al mismo tiempo, mantener la estabilidad a velocidades elevadas. Esa convivencia entre prestaciones y confort se convirtió en uno de los argumentos que mejor definieron al GTi.

El habitáculo seguía la misma filosofía. Incorporaba asientos de terciopelo regulables en altura, cierre centralizado, retrovisor derecho eléctrico, un cuadro específico de seis esferas y preinstalación para radio. Entre las opciones figuraban tapicería de cuero, techo solar eléctrico, ordenador de a bordo, aire acondicionado, llantas de aleación y equipo Hi-Fi. Equipamientos que situaban al BX GTi más cerca de una berlina rápida y utilizable a diario que de un deportivo sometido a sacrificios.

El salto a las 16 válvulas

La evolución más importante llegó con el año modelo 1988. Citroën presentó el BX GTI 16 Válvulas, equipado con el motor XU9J4 de 1.905 centímetros cúbicos. La potencia aumentó hasta 160 CV a 6.500 rpm y las prestaciones dieron un salto considerable: 218 km/h de velocidad máxima y una aceleración de 0 a 100 km/h en 7,9 segundos. El ABS pasó además a formar parte del equipamiento de serie.

El 16 Válvulas se convirtió en el primer automóvil francés de gran serie dotado de un motor multiválvulas. También hizo más explícita su condición deportiva mediante paragolpes del color de la carrocería con banda negra, faldones laterales, llantas de aleación con neumáticos Michelin de altas prestaciones y nuevos ajustes de suspensión. Dentro, el negro dominaba el ambiente, acompañado por asientos con mayor sujeción y un volante deportivo de tres radios. Su llegada desplazó inevitablemente al GTi de ocho válvulas a un segundo plano.

La familia todavía guardaba otra variante singular. En 1989 apareció el BX GTi 4X4, dotado de tracción permanente a las cuatro ruedas. Su sistema utilizaba una caja de transferencia delantera y un diferencial de deslizamiento limitado en el eje posterior, con un reparto de par del 53 % delante y el 47 % detrás. Además, un mando eléctrico permitía bloquear el diferencial central para afrontar situaciones de baja adherencia.

Una evolución constante hasta 1993

El BX GTi continuó actualizándose durante los primeros años noventa. La adaptación de toda la gama a la gasolina súper sin plomo redujo en 1990 la potencia del ocho válvulas a 123 CV, sin modificar sus prestaciones ni el consumo. En julio de 1991 llegaron de serie las llantas de aleación y el volante deportivo del 16 Válvulas, mientras la dirección asistida se generalizaba y mejoraba el aislamiento acústico.

Un año después, el aire acondicionado pasó a formar parte del equipamiento estándar, junto con la tapicería negra y un depósito de combustible de 66 litros para toda la gama BX. Finalmente, en julio de 1993, la generalización del catalizador marcó la retirada del GTi del catálogo.

Cuarenta años después de aquel estreno de 1986, el BX GTi permite recordar una etapa en la que la deportividad no obligaba necesariamente a elegir entre prestaciones, espacio y comodidad. Su ligereza, la suspensión hidroneumática y la posterior llegada de las 16 válvulas construyeron una propuesta difícil de confundir con la de sus contemporáneos. Más que convertir al BX en un deportivo puro, Citroën hizo algo más coherente con su propia historia: crear una berlina rápida sin dejar de ser un Citroën.

Etiquetas: citroen

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