Valentino Rossi, una especie a preservar

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No me gusta la soberbia y menosprecio de Valentino Rossi con el rival que le incomoda. Lo demostró en la ya famosa patada a Marc Márquez y antes con otros varios. Pero me saco el sombrero ante su exhibición victoriosa en Montmeló, algo que sólo está reservado a especies únicas a preservar.

Maquiavelo en MotoGP

No es de ahora el carácter desconsiderado de Valentino Rossi con todo rival que le apriete las tuercas en la pista. Il Dottore es un tipo que difícilmente mantiene buenas relaciones con quien le gana, al que intenta sacar de quicio con un proceder maquiavélico, humillándole para socavar su entereza. Ejemplos hay muchos. Sete Gibernau es uno de ellos. Casey Stoner es otro, si bien el italiano vio frustradas sus intenciones con el australiano, tipo duro, no así con el nieto de Don Paco Bultó, obligándole incluso al abandono del Mundial. Max Biaggi es otra víctima del de Tavulia, debiendo emigrar a Superbikes, categoría en la que triunfó una vez se quitó el peso de encima de su compatriota. Por no hablar de Jorge Lorenzo, al que ha puteado todo lo que ha podido y más.

(Por cierto, hablando del mallorquín, ¿alguien, en su genuina inocencia, piensa que su compañero de equipo y la marca para la que corren ambos le permitirán renovar el título de de MotoGP que ostenta esta temporada?).

El último damnificado del italiano es Marc Márquez. Pero le ha salido un hueso duro de roer. Rossi, piloto de tenacidad indomable y voluntad de hierro, mente clara e inmenso talento para el pilotaje y el maquiavelismo, sucumbió ante un chaval que puso en jaque su dominio en MotoGP, en un año, 2015, en que todo (o casi) lo tenía de cara para ganar de nuevo el campeonato, algo que no ocurre desde 2008. Y VR no supo gestionar la osadía de Marc, cuyo talento está, como poco, a igual nivel que el suyo. Esa ansiedad, la de ver que se le podía escapar lo que andaba persiguiendo tantos años, le hizo cometer la torpeza vista por todos, el feo gesto de la patada al de Cervera en Malasia, tirándolo al suelo, incidente que vertió ríos de tinta en los medios e inacabables discusiones en tertulias.

Rossi, 14 años más que Márquez

De humanos es equivocarse, y Valentino erró. Sin embargo, lejos de arrepentirse, aunque sólo fuera con el silencio, siguió intentando menoscabar la honestidad del español y no sólo en lo que restó de temporada 2015, sino también la actual.

Pero una cosa es el personaje y otra el piloto. Rossi tiene 37 años, ¡14 años más! que el jovencísimo Márquez, una edad en la que muchos se retiran de las pistas o lo han hecho ya. Porque la longevidad en deporte tan expuesto y arriesgado es limitada, ya que exige una forma, tanto física como mental, excepcional.

Rossi, lejos de amilanarse ante las hordas juveniles, a pesar de la sequía de campeonatos, que no de victorias y podidos parciales, sigue luchando y demostrando que esa década de más que le lleva a algunos no es insuperable. VR bien pudiera haberse retirado, pues tiene fortuna personal para hacerlo, además de negocios prósperos. Pero ha preferido seguir peleando para ganar su décimo título.

Y no es baladí lo realizado por el eterno campeón. Porque para luchar de tú a tú con la nueva generación compuesta por Márquez, Lorenzo, Stoner en su momento, Pedrosa, y en breve Mavercik Viñales (su próxima víctima en cuanto ose vencerle), ha tenido que cambiar su forma de pilotar, adaptándose a llevar el cuerpo por los suelos (ya sólo les falta arrastrar el hombro por el asfalto), y eso requiere actitud, físico y mucha voluntad.

El espíritu del llorado Luis Salom

Por eso, cuando el domingo pasado vi a Il Dottore peleando con todos los que se encontró en su camino, hasta irse en solitario con Márquez, para luego vencerle limpiamente, además de asombrarme por semejante despliegue de virtudes y cualidades, me descubrí ante el que dicen es el mejor piloto de todos los tiempos (otro tema de debate), reconociendo que es un ser de otro planeta, una especie a preservar.

Luego llegó el gesto esperado, el de darle la mano a su hasta entonces enemigo (que sólo debiera ser rival), Márquez (había que ver la cara de ilusión y agradecimiento con la que Marc recibió la mano tendida de su ídolo), gesto que le honra, aunque es tardío y seguramente premeditado. Fue el espíritu del malogrado y Luis Salom el que hizo posible la reconciliación, la última victoria del llorado Mexicano.

Por José Mª Alegre

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