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Visitamos Montefrío, el pueblo con las vistas más bonitas del mundo, según el ‘National Geographic’, con la BMW S 1000 XR

En enero de 2016 vistamos Montefrío (Granada) al ser declarado uno de los diez pueblos con mejores vistas del mundo por la prestigiosa ‘National Geographic’ y lo hicimos con la brillante BMW S 1000 XR. Ahora, seis años después, la citada revista de viajes incluye de nuevo a la localidad andaluza en un artículo sobre municipios a nivel mundial. Y como algo así es motivo de orgullo, reproducimos el reportaje que realizamos en esa fecha.

No todos los días descubres que uno de los pueblos con las vistas más bonitas del mundo, Montefrío, según el National Geographic, está aquí, “en casa”, concretamente en Granada. Así que nos subimos a la efectiva S 1000 XR y nos plantamos en tan bella localidad, visitándola con la BMW.

A Montefrío, localidad de 5.000 habitantes situada en la comarca de Loja, a unos 50 kilómetros de Granada, le tocó ‘el gordo’ al ser considerada por el National Geographic como uno de los diez pueblos con las mejores vistas del mundo, siendo uno de los dos únicos en España en otorgársele tan valiosa distinción (el otro es Castellfullit de la Roca, en la provincia de Gerona). Desde que la prestigiosa publicación lo nombrara con tan rimbombante como merecido título, Montefrío ha visto multiplicar el número de visitantes, turistas de aquí y muchos de fuera venidos incluso de Norteamérica y de Japón, que están dando vida y negocio a su comercio y hostelería. Para Remedios Gámez, su alcaldesa, el haber sido elegida la población por el National Geographic por sus impresionantes paisajes, “es el mejor escaparate para llegar a millones de personas interesadas por el turismo y los viajes”.

Para ser testigos de la celebrada elección de la prestigiosa revista, nos fuimos a recrear la vista a esta localidad que fue declarada Conjunto Histórico Artístico Nacional por el Ministerio de Cultura en 1982. Y lo hacemos con la celebrada S 1000 XR, una moto perteneciente al segmento Adventurer Sport (maxitrail de asfalto), modelo magníficamente bien recibido cuando se presentó el año pasado y que, a pesar de no ser una novedad reciente, despierta admiración allá dónde va.

Madrid-Montefrío: 444 km

Desde Madrid a Montefrío hay unos 444 kilómetros de fácil recorrido. Sólo la climatología los puede hacer más agradables o menos y el día elegido no es de premio, pues el frío es notable, llueve y además hace viento. La baja temperatura y el agua se combaten yendo bien equipado; lo último, el aire, es más complicado, mitigándolo la buena aerodinámica de la S 1000 XR, debiendo, eso sí, aumentar la presión de las manos sobre el manillar y controlando, sobre todo, los adelantamientos a los camiones. Si la lluvia requiere suavidad y delicadeza (modo Rain en este caso), el viento exige energía y firmeza.

Para paliar las diversas condiciones meteorológicas que el rider se puede encontrar en su camino, la XR ofrece varias posibilidades que ofrecen seguridad y dominio. El ABS y el control de tracción ASC, ambos de serie, son básicos. Al igual que los modos de conducción, Road y Rain, este último utilizado en gran parte del viaje por estar el asfalto mojado, a los que se añaden los opcionales Dynamic y Dynamic Pro. Este, a su vez, incorpora el sistema DTC (Dynamic Traction Control) y las suspensiones Dynamic ESA, toda una batería de tecnología que da a la XR un aplomo y seguridad para disfrutar de ella aun en las peores condiciones.

Firme y aplomada a pesar de la lluvia y el viento

Así, poco después de salir de casa con la S 1000 XR, equipada con maletas y top case en las que llevo el equipo fotográfico que necesitan espacio y protección, debo pararme para ponerme el mono de agua. Reiniciada la marcha, pongo el modo Rain, ya rodando, con el botón situado a la derecha del manillar, que suaviza y reduce la potencia del portentoso motor de cuatro cilindros y 160 CV.

Con su manillar ancho y elevado y las piernas no excesivamente dobladas, proporcionando una posición erguida, la conducción de la BMW me resulta muy cómoda. El asiento a su vez es confortable, y la pantalla regulable en dos posiciones, llevando la más elevada durante el trayecto, notando efectivamente su protección, me permiten hacer la travesía sin gran esfuerzo. Y mientras la lluvia va y viene, al igual que el viento racheado, tiro millas seguro y confiado porque a pesar del mal tiempo la XR se muestra firme y aplomada, a la espera de las curvas que llegarán en el último tramo llegando a Montefrío.

En la frontera ficticia entre el Norte y el Sur que para muchos significa Despeñaperros, arrecia la lluvia. En esta obra de ingeniería modélica en la que han convertido el antiguo y peligroso puerto, el asfalto es, afortunadamente, absorbente, y ¡cuánto se agradece!, sobre todo cuando te acercas a un coche o camión y no te lanza el temible ‘spray’ (como en la F-1), que reduce e incluso anula la visibilidad.

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A 120 km/h mantenidos con el siempre práctico control de velocidad, se pueden recorrer unos 250 kilómetros, dejando como margen de seguridad algunos más para no ir apurado.

Empiezan las curvas, empieza la diversión

Después de hacerme toda la A-4 hasta Bailén (donde cesa la lluvia con la que no me reencontraré hasta la vuelta en igual punto), me desvió por la A-44, también llamada autopista de Sierra Nevada, en dirección a Granada hasta el kilómetro 111. Abandono la autovía y pasado el embalse de Cubillas, llego hasta Pinos Puente, donde tomo la N-432. Superado el puerto de Lope, unos kilómetros más allá se encuentra el desvío de la GR-3410, que me llevará a mi destino, no sin disfrutar antes del serpenteante trazado.

Con buen asfalto y zigzagueante recorrido, de esos que gustan al motero, sobre todo si “calza” la XR, la carretera es de las que se han de pilotar, pues tiene muchas curvas y ‘eses’, ideal para una etapa de un rallye y hábitat natural de esta BMW. Sólo hay que tener cuidado con la salida y entrada de vehículos de trabajo de los campos de olivos que dominan la zona, que en tiempos de lluvia ensucian el pavimento de barro con sus enormes ruedas enfangadas.

Esta Adventurer Sport, que en autopista demuestra su magnífico rodar, incluso cuando el pavimento parece un cristal por el agua caída, muestra su excelente polivalencia tomando las curvas como si fuera una SBK. Su buen equilibrio, magnífico reparto de pesos y la sensacional parte ciclo, permiten circular con ella con mucho dinamismo, sobre todo con la suspensión en modo Dynamic ESA, que actúa inteligentemente sobre la horquilla y el amortiguador de la rueda trasera, dependiendo del ritmo que imprimamos y el estado del piso, transformándose en una moto deportiva con la que se rueda muy rápido y seguro, tanto que parece que la fuerza de la gravedad no fuera con ella. Placer y satisfacción es lo que me transmite la XR, sensaciones que aumentan por el cambio asistido opcional que monta esta unidad (las seis velocidades se suben acelerando y sin tocar el embrague, que tampoco hay que utilizar para reducir). Además, el novedoso y opcional ABS Pro, dosifica la frenada en las curvas, posibilitando que siga tumbado mientras las toma, manteniendo la inclinación, virtud que me permite ‘curvear’ con mayor seguridad, pues sé que si toco el freno la moto no se erguirá, perdiendo la trazada, con lo que ello significa.

Gente amable y hospitalaria

De repente, saliendo de una curva, diviso Montefrío, destacando la majestuosidad de su fortaleza árabe que domina la población, silueta fortificada en lo alto de la Peña de los Gitanos que el National Geographic enfatiza en las fotografías del reportaje realizado, publicidad que “nos ha puesto en el mapa”, como dicen con gracia los montefrieños.

Visitar el pueblo con las vistas más bonitas del mundo, que data de antes de la Reconquista del Reino de Granada por parte de los Reyes Católicos, hecho histórico que se inició en 1483, y hacerlo con una moto actual, no deja de producir cierto vértigo e incluso emoción al pisar con la BMW el empedrado de sus calles para maravillarse con sus monumentos y reliquias, testigos de tantas luchas vividas en los tiempos antes citados.

Montefrío, además de sus espectaculares panorámicas, tiene mucho que ver, como la Iglesia de la Encarnación, construida en un perfecto círculo; el hospital San Juan de los Reyes, antigua casa cuya propiedad fue de Don Juan de Carrión, heraldo de los Reyes Católicos; los enterramientos cristianos, donde sitúo la XR para inmortalizar el momento;  o el castillo de la Villa, lugar estratégico de defensa para el Reino de Granada, y tantos lugares y monumentos que a buen seguro complacerán al visitante que acuda a satisfacer su curiosidad, recreando los sentidos con un escenario de película. Pero lo mejor de Montefrío es su gente, amable y hospitalaria, presta a dirigir, aconsejar e informar al turista cuya agradable experiencia en el pueblo no olvidará.

Tras 900 km en una jornada, la XR crea adicción

El tiempo se acaba y debo regresar por donde he venido. La visita ha sido rápida, pero fructífera. La XR se ha mostrado en muchos momentos tan protagonista como los monumentos, pues no han sido pocos los que la han fotografiado y se han hecho selfis, recibiendo incluso la oferta de un vecino del pueblo que me la cambia por un todoterreno que conduce con más de 28 años de vida. “Prefiero las dos ruedas, pero gracias”, le digo entre sonrisas.

Es lo que tiene la moto, que, como bien sabéis, engancha cuanto más vas en ella, tornándose en adicción cuando lo haces con la S 1000 XR.

La vuelta la hago por Alcalá la Real, para tomar la A-403 y pasado Benalúa de las Villas, coger de nuevo la A-44 que me llevará otra vez a Bailén y a la lluvia, que parece no puede vivir sin mi XR. Pasado Despeñaperros, el agua cesa, pero entonces arrecia la ventisca, conduciendo los más de 200 kilómetros de la A-4 hasta Madrid, que siempre se me hacen largos y aburridos, con plena atención.

Tras hacerme algo más de 900 kilómetros con la XR en una jornada de 17 horas, llego a casa en perfecto estado de revista, encantado con la BMW que tan bien me ha “cuidado”. Al día siguiente, me levanto con más ganas de moto, bueno, de XR. Me subo a ella y me voy de recados por la ciudad (donde su dinamismo y agilidad me sacan de los atascos), mientras voy pensando cual será el siguiente destino para hacer ruta.

Por José Mª Alegre (texto y fotos)

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