
De la propulsión trasera a la delantera, de los seis cilindros a la hibridación ligera y de los mandos físicos a las grandes pantallas. El BMW Serie 1 ha cambiado mucho desde 2004. Más de dos décadas y cuatro generaciones resumen también la transformación experimentada por los compactos premium.
Cuando el BMW Serie 1 apareció en 2004, la marca alemana entraba en un terreno poco habitual para ella. El nuevo modelo debía competir en el concurrido segmento de los compactos, pero lo hizo con una receta que se apartaba de la norma: motor longitudinal y propulsión trasera.
Más de dos décadas después, y con más de 180.000 unidades vendidas en España según la marca, el Serie 1 sigue ocupando el escalón de acceso a la gama BMW. Por el camino ha cambiado de tamaño, motores, arquitectura y filosofía. Sus cuatro generaciones permiten observar también cómo ha evolucionado el concepto de compacto premium.
Primera generación (2004-2011): un compacto diferente
El primer Serie 1 nació como un cinco puertas de dimensiones contenidas y planteamiento dinámico. La propulsión trasera constituía su principal peculiaridad frente a unos rivales mayoritariamente de tracción delantera. A ello sumaba un reparto de pesos 50:50 y un eje posterior de cinco brazos.
La gama comenzó con motores de gasolina y diésel de cuatro cilindros, entre 115 y 163 CV, aunque pronto llegaron alternativas más ambiciosas. El 130i incorporó un seis cilindros en línea y, en 2007, aparecieron medidas de eficiencia como el Start Stop y la recuperación de energía en la frenada.
Al cinco puertas se añadieron el tres puertas, el Coupé y el Cabrio. Y al final de su vida comercial apareció el Serie 1 M Coupé: 340 CV, componentes procedentes del M3 y una producción limitada a unas 6.000 unidades.
El ActiveE de 2011, desarrollado sobre esta plataforma, sirvió además como banco de pruebas para tecnologías utilizadas posteriormente en los eléctricos de BMW.
Segunda generación (2011-2019): más espacio y la misma fórmula
Con la segunda entrega, F20 en cinco puertas y F21 en tres, BMW corrigió uno de los puntos débiles del original: la habitabilidad. El coche creció y el maletero alcanzó los 360 litros.
La propulsión se mantuvo, aunque apareció por primera vez la tracción integral xDrive. Los motores de gasolina y diésel adoptaron la sobrealimentación y la conectividad ganó protagonismo mediante ConnectedDrive.
El M135i y posteriormente el M140i conservaron el seis cilindros en línea y llegaron hasta los 340 CV. Una combinación ya poco habitual: compacto, seis cilindros y propulsión trasera. Los Coupé y Cabrio, por su parte, abandonaron la familia para dar origen al Serie 2.
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Tercera generación (2019-2024): cambio de eje
El F40 presentado en 2019 rompió con una de las señas de identidad del Serie 1. BMW abandonó la propulsión trasera y adoptó una plataforma de tracción delantera, una decisión que permitió aprovechar mejor el espacio, especialmente en las plazas posteriores.
Para mantener sus aspiraciones dinámicas incorporó sistemas electrónicos como el ARB, procedente de la experiencia con el i3 y destinado a controlar el deslizamiento de las ruedas.
En el extremo deportivo, el M135i xDrive sustituyó los seis cilindros por un cuatro cilindros de 306 CV y tracción total. El 128ti, con 265 CV, recuperó además unas siglas históricas de BMW.
La digitalización ganó igualmente terreno. El sistema operativo BMW OS 7.0 incorporó control por voz y una instrumentación basada en pantallas que anticipaba el planteamiento de su sucesor.
Cuarta generación (2024-actual): La pantalla toma el mando
La cuarta entrega, denominada F70 y lanzada en 2024, profundiza más en la digitalización que en una ruptura arquitectónica. El interior concentra buena parte del cambio: el BMW Curved Display reúne instrumentación y funciones multimedia mientras desaparecen numerosos mandos físicos.
El sistema iDrive 9 apuesta por el manejo táctil y por voz, mientras parte de la gama incorpora hibridación ligera de 48 voltios. También cambia la nomenclatura: BMW elimina la «i» de las versiones de gasolina —el antiguo 120i pasa a ser 120— para reservarla a sus modelos eléctricos.
El M135 xDrive continúa ocupando el extremo más deportivo y versiones como el 116 constituyen la puerta de entrada. Una fotografía bastante distinta de la que ofrecía aquel primer Serie 1 de 2004.
En dos décadas, el compacto ha pasado de distinguirse por una solución mecánica excepcional en su categoría a competir con argumentos como conectividad, asistentes, espacio y electrificación. Conserva el nombre, pero la manera de entender qué debe ser un BMW compacto ha cambiado considerablemente.
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