
Por silencio, suavidad y consumo, los motores turbodiésel i-DTEC del CR-V, de 120 y 150 CV, son la referencia en su segmento. Cuentan, además, con tecnología de última generación: inyección directa ‘common rail’ y turbo de geometría variable, por lo que resultan un aliado de primera.
El rendimiento del Honda CR-V diésel es sumamente gratificante porque los motores i-DTEC de última generación aúnan placer de conducción, destacadas prestaciones y parcos consumos. La opción más potente, de 150 CV, con inyección directa common rail y turbo de geometría variable, cuenta con una generosa cilindrada, 2,2 litros, que permite disponer de buenos bajos, empujando desde mucho antes de las 2.000 rpm, régimen en el que ofrece el par máximo, 350 Nm. Su suavidad al subir de vueltas y su funcionamiento silencioso en velocidades de crucero son dos de sus notas destacadas. Además, tiene fuerza más que suficiente para que el coche gane velocidad rápidamente, lo que es un seguro de vida en adelantamientos y también en recuperaciones. Para reducir consumos, se encuentra el botón Econ en el salpicadero. Pulsándolo, se disminuye el gasto energético del climatizador, entre otras medidas (en la instrumentación se activa un tono verde en los bordes de las esferas).
Las transmisiones asociadas son una manual de seis velocidades y otra automática de cinco marchas por convertidor de par. Esta última dispone de modo Sport y viene con levas detrás del volante (en el display de la instrumentación se indica cuál es la marcha engranada). Destaca por su buen tacto (apenas se perciben las transiciones entre una velocidad y otra), tanto en conducción interubana como dentro de las ciudades. Este cambio impide insertar marchas largas cuando se circula tanto en bajadas como en subidas pronunciadas.
1.6 i-DTEC de 120 CV
Como complemento al 2.2 i-DTEC de 150 CV, se encuentra el bloque 1.6 i-DTEC de 120 CV, con el que el todoterreno japonés está exento del pago del impuesto de Matriculación, pues emite únicamente 119 g/km de dióxido de carbono en ciclo mixto homologado, lo que equivale a un consumo medio de tan sólo 4,5 l/100 km. Esta cifra de gasto tan ajustada permite lograr una autonomía cercana a los 1.300 kilómetros.
Esta nueva versión del CR-V, con dos ruedas motrices, las delanteras, dispone de un cambio manual de seis velocidades, que es seis kilos más ligero que el que monta el coche con el 2.2 i-DTEC. Por supuesto, la mecánica cuenta con soluciones ecológicas. El Idle Stop es el encargado de parar y arrancar automáticamente el motor en detenciones. Con el botón Econ, se ajustan diversos parámetros para reducir consumos y el sistema Eco Assist indica si se está realizando o no una conducción eficiente.
Con estas mecánicas, el todoterreno nipón resulta la opción ideal en todo tipo de desplazamientos e independientemente de la carga, pues el rendimiento es siempre convincente.
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