
Más de 25 piezas del Museo Opel de Rüsselsheim y el visionario Corsa GSe Vision Gran Turismo aterrizan por primera vez en España. La exposición “Opel Love”, abierta hasta marzo de 2026 en Mobility City Zaragoza, celebra la historia de la marca alemana, desde las máquinas de coser de Adam Opel hasta los ‘concept cars’ que imaginan el mañana eléctrico.
El puente donde late el futuro
Sobre el cauce del Ebro, el Puente Zaha Hadid se convierte en un hilo conductor entre la historia y la vanguardia. Allí, donde el acero y el vidrio reflejan la ciudad, el ‘Blitz’ de Opel ilumina un relato que abarca siglo y medio de sueños mecánicos. “Opel Love” no es solo una exposición: es un viaje sentimental por la memoria industrial de Europa, un espejo donde Zaragoza se mira y se reconoce, porque aquí, en Figueruelas, nació el Corsa que conquistó las calles del mundo.
El origen: una máquina de coser
Antes del sonido de motores, Opel bordó el progreso. En 1870, Adam Opel fabricaba máquinas de coser con la precisión de un relojero. Aquellas primeras puntadas de acero dieron forma a una visión: democratizar la tecnología, acercarla a la gente. De ese espíritu nacen las piezas más antiguas de la muestra —las Type Nº2 y Vibrating Shuttle—, reliquias que huelen a aceite y a esperanza, testigos de una Europa que aprendía a soñar con el futuro.
Los primeros pasos sobre ruedas
La historia continúa sobre dos ruedas: bicicletas, motocicletas y aquella extravagante Quintuplet de 1895, un carrusel de pedales que parece salido de un sueño victoriano. Pero el verdadero salto llega con el Patent Motorwagen Lutzmann, el primer automóvil de la marca. Su motor de un cilindro y sus veinte kilómetros por hora abrieron una senda que no se ha detenido en más de un siglo. A su lado, el Doctorwagen de 1909 y el Laubfrosch de 1924 cuentan cómo Opel llevó el automóvil a las manos de la clase media, con una sencillez que era casi un manifiesto democrático sobre ruedas.
El Corsa y el ADN de Zaragoza
Hay un punto en el recorrido donde el visitante se detiene más tiempo. Frente al primer Opel Corsa A, nacido en Figueruelas en 1982, las miradas se llenan de recuerdos. Ese pequeño coche urbano fue el símbolo de una España que se abría a Europa y a la modernidad. Desde entonces, seis generaciones del Corsa han salido de la fábrica aragonesa: millones de unidades que han llevado un pedazo de Zaragoza por el mundo. En “Opel Love” brillan también el extravagante Corsa Spider y el enigmático Corsa Moon, concept-cars que demostraron que la imaginación también puede tener matrícula aragonesa.
Cuando el futuro era de fibra y sueño
Los concept-cars que completan la exposición son ventanas al porvenir. El CD Concept Wireframe de 1969, con su carrocería de fibra de vidrio, parece recién salido de una película de ciencia ficción. El Elektro GT de 1971 fue pionero en demostrar que un motor eléctrico podía desafiar a la gasolina. Décadas después, el GT X Experimental de 2018 y el Manta GSe ElektroMOD reinterpretan la estética del rayo con un lenguaje nuevo, eléctrico, limpio, confiado en que la belleza y la sostenibilidad pueden convivir bajo el mismo capó. Tampoco faltan dos generaciones del Kapitan, modelo que en 1956 le tocó la fortuna de convertirse en el Opel número dos millones.
El corazón eléctrico: Corsa GSe Vision Gran Turismo
Y en el centro de todo, como una joya suspendida entre lo real y lo virtual, el Opel Corsa GSe Vision Gran Turismo. Con 800 caballos eléctricos, 320 km/h y un diseño que fusiona videojuego y realidad, este concept car es el símbolo del tiempo que vivimos: un futuro que se puede conducir, pero también imaginar. Sus simuladores permiten sentir la velocidad sin contaminar el aire; su estética, afilada como un relámpago, traduce en metal y luz la obsesión de Opel por reinventarse.
El rayo que no se apaga
“Opel Love” no es una retrospectiva nostálgica que simplemente expone más de 25 piezas icónicas venidas del Museo Opel de Alemania. Es una declaración de amor a la ingeniería, a la curiosidad, al impulso humano que busca siempre ir más allá. Entre el eco de las antiguas máquinas de coser y el zumbido silencioso de los motores eléctricos, late una misma idea: la confianza en el progreso.
Zaragoza, que un día acogió a la fábrica que transformó su paisaje laboral y su identidad, se convierte ahora en el escenario de una celebración que une pasado, presente y futuro. Hasta marzo de 2026, el Puente Zaha Hadid será más que un mirador sobre el Ebro: será el lugar donde la historia del automóvil respira, donde el metal tiene memoria y el rayo de Opel sigue iluminando el camino hacia lo que viene.
Fotos: JMAlegre
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