
La firma sueca, junto a Polestar Racing, ha desarrollado un propulsor que se sirve de dos turbos paralelos alimentados por otro eléctrico. El resultado es un bloque compacto que optimiza la respuesta y contribuye a lograr una conducción más dinámica.
En el desarrollo de mecánicas sobrealimentadas, Volvo ha dado un paso al frente concibiendo un propulsor tetracilíndrico de 2,0 litros que rinde 450 CV. Perteneciente a la familia de motores Drive-E de alto rendimiento, el mismo se sirve de dos turbos paralelos alimentados por otro eléctrico. Con este concepto de triple propulsión, y un exclusivo sistema de combustible, se consigue, según comunican desde la firma sueca, una conducción muy dinámica y sin retrasos en la entrega en comparación con los bloques que se sirven de un único turbo.
“Hemos desarrollado una motorización verdaderamente única por su potencia y rápida respuesta. Por encima de todo, su compacto tamaño mejora la distribución del peso entre los ejes delantero y trasero y baja el centro de gravedad, dos factores que afectan mucho a la maniobrabilidad tanto en un turismo como en un automóvil de competición”, explica Mattias Evenson, responsable de motores de Polestar Racing, partner oficial de Volvo Cars.
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