
La pasión por el motor ha vuelto a invadir Montjuïc con la fuerza de un rugido afinado. Automobile Barcelona 2025 no solo ha desplegado novedades y tecnología sobre el asfalto urbano, sino también emociones. En sus avenidas se mezclan la nostalgia de los clásicos con el futuro eléctrico, el cine con la velocidad, y la ciudad con su alma automovilística más viva que nunca.
Automobile Barcelona 2025 ha vuelto a convertir Montjuïc en un latido constante de motores y miradas fascinadas. No se trata solo de una exposición de coches, sino de una celebración compartida entre quienes vibran con el diseño, el rendimiento y la promesa de velocidad. Desde el primer instante, el ambiente fue el de una ciudad rendida al asombro mecánico, con familias, curiosos y apasionados transitando entre sueños de cuatro ruedas. El lema de esta edición, “Pasión por el motor, pasión por Barcelona”, no es una simple frase promocional, sino una declaración de identidad que se hace visible en cada esquina del recinto que se mantendrá abierto hasta este próximo día 18.
Las 29 marcas participantes, con 12 primicias bajo sus lonas satinadas, dibujan un mapa de deseo donde el presente y el futuro de la automoción se encuentran. Entre ellas, el Ebro S400, novedad mundial, convirtiéndose en uno de los focos de todas las miradas, junto al MG S5, presentado por primera vez en Europa. El público, nutrido y entregado, se convierte en protagonista de una escena viva que recuerda que la industria del automóvil no solo sobrevive, sino que late con fuerza cuando encuentra su espacio natural: la calle, el asfalto, el corazón urbano.
El presidente del salón, Enrique Lacalle, no disimuló el entusiasmo: “Este salón es un bálsamo. Su poder de convocatoria demuestra que sigue siendo el mejor escaparate para las marcas y un auténtico revulsivo para el mercado”. Y tenía razón. En un parque automovilístico que envejece a ojos vista, esta cita es algo más que un evento: es una llamada a la renovación, al cambio, a un futuro más sostenible sobre ruedas.
Los tradicionales ‘boxes’ de las avenidas Reina María Cristina y Rius i Taulet volvieron a llenarse de actividad. Allí, los visitantes se ponen al volante, sintiendo en sus manos el presente electrificado de la automoción: SUV urbanos, turismos familiares y modelos híbridos desfilaron entre pruebas dinámicas y comentarios de asombro.
Pero si algo hace latir aún más fuerte a los asistentes es el espacio donde la ficción y la memoria se abrazan: Movie Machines, una instalación inmersiva que trae al presente los vehículos más icónicos del cine. Allí, cada visitante revive sus escenas favoritas no desde la butaca, sino frente al metal y el brillo real de los coches que marcaron su imaginario.
En paralelo, la zona Motorsport evoca el pulso de la competición. Vehículos de F3, rallyes, raids y GTs ofrecen su silueta imponente dentro de un entorno que recrea el aroma inconfundible de los boxes. Un homenaje no solo a las máquinas, sino al espíritu que las conduce.
Así es como, por unos días, Barcelona vuelve a rugir.
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