
De aquel primer Ford Fiesta de 1976 a los proyectos anunciados para 2028, la fábrica de Almussafes cumple medio siglo ligada a la transformación industrial de España. Su historia reúne modelos emblemáticos, innovación y miles de empleos, pero también el reto actual de adaptarse a la nueva movilidad y asegurar su futuro.
El 18 de octubre de 1976, un Ford Fiesta salió de la cadena de montaje de Almussafes, a pocos kilómetros de Valencia. Era un utilitario pequeño y funcional, pero su significado superaba el de un nuevo automóvil: aquella fábrica abría una etapa industrial que acompañaría durante medio siglo la transformación de España. Cincuenta años después, la planta representa una historia de inversiones, tecnología, empleo y adaptación, con el desafío de asegurar su continuidad en un sector que vuelve a cambiar.
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Los setenta: el primer Fiesta
La primera piedra de la factoría se colocó el 26 de marzo de 1974. Henry Ford II encabezó el acto que simbolizaba la apuesta de la compañía por España, todavía inmersa en los últimos años del franquismo. Dos años después comenzó la fabricación del Fiesta y, apenas una semana más tarde, el rey Juan Carlos I inauguró oficialmente las instalaciones. El calendario coincidió con el inicio de la Transición democrática y con una sociedad que aspiraba a nuevas oportunidades de movilidad y consumo.
El Fiesta respondía a ese momento: un coche compacto, práctico y accesible para conductores españoles y europeos. Su producción, sin embargo, tuvo consecuencias más amplias que su presencia en las carreteras. Alrededor de la planta comenzó a crecer una red de actividad económica, proveedores y servicios que transformó el entorno de Almussafes. La fábrica se convirtió en una referencia para el empleo industrial valenciano y en símbolo de la modernización que se abría paso en el país.
Los ochenta: una fábrica europea
El 2 de enero de 1981 salió de Almussafes el Fiesta número un millón. El dato reflejaba la velocidad de consolidación de una instalación que ese mismo año incorporó el Ford Escort a sus líneas de producción.
España ingresó en la Comunidad Económica Europea en 1986. La apertura de mercados y la integración industrial reforzaron el papel de las fábricas orientadas a la exportación. Almussafes encontró su lugar en ese nuevo escenario: además de ensamblar automóviles, incorporó procesos, tecnología y métodos de trabajo que impulsaron la modernización de su entorno productivo.
Los noventa: proveedores y globalización
En 1995 se presentó el proyecto del Parque Industrial de Proveedores, inaugurado en 1996. La iniciativa acercó a los suministradores a la fábrica y reforzó la coordinación necesaria para producir con mayor eficiencia.
También en 1996 comenzó a fabricarse el Ford Ka, un urbano de diseño singular que reflejaba los gustos de una década de cambios. España había acogido los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla en 1992, mientras internet empezaba a entrar en los hogares y la globalización multiplicaba la competencia. La factoría valenciana formaba ya parte de una red internacional de producción y distribución. Su capacidad para coordinar proveedores y responder a mercados diversos resultaba tan importante como el volumen de coches fabricados.
Los 2000: diez millones de vehículos
El cambio de siglo trajo dos cifras que ayudan a medir la dimensión de la planta. En 2000 alcanzó los diez millones de motores producidos; en octubre de 2009 salió de sus líneas el vehículo número diez millones.
Durante esos años, España adoptó el euro y vivió la expansión de los móviles y de las comunicaciones digitales. En paralelo, los automóviles incorporaron mayores exigencias de seguridad, eficiencia y tecnología. Las fábricas necesitaron sistemas de automatización y controles de calidad más avanzados. Almussafes respondió a esa evolución mediante la adaptación de sus procesos productivos.
Los 2010: flexibilidad e impacto social
En diciembre de 2012 comenzó la fabricación del Ford Kuga, destinado a convertirse en uno de los modelos de referencia de la planta. Dos años más tarde llegó el Mondeo y, posteriormente, su variante híbrida. La incorporación de vehículos más complejos mostró la capacidad de Almussafes para avanzar hacia nuevas tecnologías de propulsión mientras el sector debatía cómo afrontar la electrificación.
La huella de Ford tampoco se limitaba a sus trabajadores directos. Un estudio de la Universidad Europea de Valencia difundido en 2016, con motivo del 40 aniversario, estimó que cada puesto de la factoría contribuía a sostener 5,82 empleos en la Comunidad Valenciana y 11,73 en España, al considerar los efectos directos, indirectos e inducidos. Calculó además que la actividad de la empresa contribuía a generar más de 60.000 empleos en territorio valenciano.
Los 2020: aniversario y nuevos desafíos
La electrificación, la conectividad y los cambios en la fabricación han abierto otra etapa para la industria del automóvil. En Almussafes, el Kuga, disponible con distintas motorizaciones, refleja esa transición. Según la documentación del cincuentenario, Ford anunció en julio de 2026 nuevos proyectos para producir desde 2028: un SUV compacto de la familia Bronco, dos crossover multienergía, un turismo eléctrico de cinco puertas y un SUV eléctrico pequeño. Se trata de planes anunciados cuyo desarrollo será determinante para la actividad futura de la factoría.
El aniversario también ha puesto el foco en las personas. El 7 de octubre de 2026, Ford España y el Grupo Social ONCE presentaron un cupón conmemorativo sobre la inclusión laboral de personas con discapacidad, fruto de una colaboración de más de 25 años.
Desde aquel primer Fiesta, generaciones de trabajadores han visto cambiar las máquinas, los modelos y las exigencias del mercado. La historia de Almussafes explica una parte de la industrialización valenciana y de la integración europea de España. Pero el aniversario no elimina las incertidumbres: convertir los anuncios en producción, sostener el empleo y responder a la transición tecnológica serán las pruebas de la próxima etapa. Su recorrido reúne logros industriales y cambios sociales pero también recuerda que cada inversión exige decisiones. Medio siglo después, el futuro de la fábrica sigue escribiéndose en sus líneas de montaje.
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