
Es indudable que el caso del trucaje de Volkswagen de sus motores diésel para reducir ficticiamente la emisión de gases durante las pruebas de homologación de sus coches, está perjudicando a los propulsores con esa tecnología. En Francia, por ejemplo, han aprovechado este fraude para lanzar una ofensiva contra los vehículos de gasóleo.
Curiosamente, el parque de automóviles francés utiliza casi en un 55% ese combustible. La industria gala tiene marcas de coches cuyos modelos, en gran parte, son diésel. Empresas como el Grupo PSA (Citroën-Peugeot) o Renault, han hecho de dicho motor su mayor reclamo de ventas. El fabricante del león, por ejemplo, era hasta no hace mucho tiempo el rey de los motores diésel entre los taxistas y ahora, viendo seguramente las orejas al lobo, está transformando su oferta de propulsores diésel por la de tricilíndricos de gasolina, de magnífico consumo y, por lo tanto, bajas emisiones.
Porque resulta que es en Francia donde las autoridades parecen haber lanzado una ofensiva contra el diésel, a juzgar por las declaraciones y decisiones de sus gobernantes a todo lo que se mueva con ese combustible. La ministra de Ecología y Energía del actual gobierno francés, presidido por el socialista François Hollande, Ségolène Royal, parece liderar el movimiento anti gasóleo al declarar que “Algún día habrá que acabar con el diésel”.
Dicho y hecho. Anne Hidalgo, alcaldesa de París (también socialista), de origen español y, por lo que se ve, fan de Royal, parece seguir las directrices de la ministra al querer prohibir en su ciudad, desde el verano de 2016, la circulación de coches que empleen ese combustible y que tengan una antigüedad superior a 1997. Un veto que afectaría al 10% de los vehículos que circulan diariamente por la ciudad de la Torre Eiffel.
Pero no acaban aquí las pretensiones de Hidalgo, porque su segunda y definitiva andanada contra la industria del motor de su país (y en general contra la de toda Europa) es la de prohibir el diésel en París en 2020. Para compensar tan controvertidas directrices, la alcaldesa dice que aumentará los kilómetros de carril bici en su ciudad, los descuentos en el transporte público y las subvenciones para la compra de vehículos eléctricos que sustituyan a los diésel.
Por su parte, el Gobierno francés subirá los incentivos hasta 10.000 euros por la sustitución de vehículos con ese combustible por eléctricos, eliminando, además, a partir del año que viene, los 15 céntimos de euro con los que prima en la actualidad el consumo del diésel para igualarlo con la gasolina (más barata) y seguramente esos 15 céntimos de menos en el gasóleo pasarán a rebajar la factura de la gasolina, potenciando así la compra de estos vehículos.
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