
En el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, se inició la sexta ruta ‘En busca de la sonrisa perdida’ de Km Solidarity, la mayor ONG motera de España, una visita acordada con la institución toledana que fue muy bien acogida por los ingresados. Y no fueron pocos los que bajaron a la entrada principal, en su mayoría en silla de ruedas, a recibir a los moteros solidarios.
Gente de diversa edad, y también niños, con problemas de movilidad, que fueron los que más disfrutaron subiéndose en alguna de las nueve motos, todas ellas BMW, tres de ellas de moteros que se unieron a Km Solidarity en esta etapa, poniendo sus vehículos a disposición de los ingresados en el centro hospitalario. También el personal del hospital no perdieron la oportunidad de hacerse fotos en lo alto de las motos, creando un ambiente cordial y festivo.
El Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo es uno de los de mayor reconocimiento en su especialidad, seguramente el más importante, institución que cumplirá medio siglo de vida en 2024, motivo que piensan festejar con tantos actos como años celebrarán.
La ruta ‘En busca de la sonrisa perdida’ de la Km Solidarity, Embajador de BMW Motorrad España, busca precisamente eso, repartir sonrisas, de ahí el nombre de la misma, además de repartir chuches y la pulsera institucional de la ONG que se les entrega a todos los que se acercan a las motos. Personas que tienen su historia, como la de José, al que conduciendo su quad se le salió una rueda, perdiendo el control, cayéndole finalmente encima de él, con las terribles consecuencias de sufrir una paraplejia. “Pero la vida debe continuar”, asegura, mirando una de las R 1250 GS. O el de una pequeña, que estando bien empezó a perder la movilidad de las piernas debido a una enfermedad. Otro de los allí presentes, Manuel, tuvo la desgracia de que se cruzara en su camino un coche que se le echó encima, quedando como José. Y no faltó el testimonio de jóvenes a los que tirarse de cabeza en una piscina o en el mar con menos agua de la que creían, les costó no volver a caminar.
Aun así, la presencia de los miembros de la entidad logroñesa fue para ellos romper la rutina, entablando conversación con los empáticos titulares de la ONG, contando su día a día, situación, su vida en definitiva y olvidando su realidad, aunque sea por unos momentos, y esbozando una sonrisa. En definitiva, convivir unas horas con unas personas que, a pesar de todo, siguen adelante, compartiendo con ellos un tiempo reconfortante, agradable, simpático y lleno de humanidad.
Como dijo Charles Chaplin, “Un día sin sonreír es un día perdido”.
Por José Mª Alegre (texto y fotos)
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