
Eugenio Ambrona es un taxista con ‘estrella’, la que lleva en el frontal de su coche, un Mercedes-Benz E 270 CDI con el que ha rodado más de un millón de kilómetros. ¿El secreto? Que es un M-B y que lo lleva siempre a Citycar Sur, el concesionario oficial donde lo compró.
Taxista de Griñón, Eugenio Ambrona ha recorrido 1.025.000 kilómetros con su Mercedes-Benz E 270 CDI. Para él, el M-B “es un coche que no es que sea bueno, sino buenísimo”, y lo sabe bien, pues, en su dilatada trayectoria como taxista, ya va por el tercer modelo de la marca de la estrella y el segundo al que le hace semejante cifra de kilómetros, todos de la Clase E y con motor diésel. “Salvo el primero, que tuvo un problema menor, no he tenido pega alguno con ninguno”, asegura, valorando de ellos “su seguridad, confort y comodidad, pudiendo hacer kilómetros y kilómetros sin notar el cansancio”, proclama.
Y como no hay tres sin cuatro, en breve estrenará un nuevo Mercedes. Se trata del novedoso E 320 CDI, automático también, porque “son lo mejor que hay”, apostilla, y lo sacará del concesionario de siempre: “Llevo 22 años siendo cliente de Citycar Sur, pasando las revisiones en sus talleres, y le pongo la mejor nota, ¡un diez!, porque tienen un trato excelente conmigo y el coche sale perfecto”, dice Ambrona.
En sus 29 años de profesión, la buena estrella siempre le ha acompañado, como la vez que llevó a una mujer a que diera a luz y, al llegar al hospital de Getafe, el bebé asomaba la cabeza antes de abrir la puerta, “pero todo fue bien” recalca satisfecho. O cuando una paloma se subió en la hendidura que forma el final del capó y el inicio del parabrisas en Humanes y se bajó en la estación de Fuenlabrada en perfecto estado.
Por su taxi han pasado clientes anónimos y famosos, tal es el caso de Mario Sandoval, afamado chef de Coque; o la actriz y cantante Teresa Rabal; también Cristina Sánchez, la extorera, o un conocido juez “al que llevé en un trayecto largo”, pero del que prefiere guardar su nombre, “porque en mi trabajo hay que ser discreto”, mantiene.
Ambrona, psicólogo a la fuerza, como todo buen taxista que se precie, espera a que el pasajero se pronuncie cuando se sube en las plazas traseras: “Si quiere conversación, yo se la doy. Pero si prefiere no hablar, entonces permanezco en silencio”.
Casado, con una hija que le ha hecho abuelo de Lucía, nieta que le tiene loco y que con sólo tres añitos ya monta a caballo, Eugenio Ambrona seguirá siendo taxista “hasta que me quiten el carné”, pero no parece que eso vaya a ocurrir, pues en la DGT su expediente está casi en blanco.
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