
Reunidos por Momoven, Álex Márquez y Charly Sinewan comparten una conversación donde competición y aventura se cruzan. El piloto admite que “hay mucha gente detrás que depende de ti”, mientras el motoviajero reconoce que “Internet te esclaviza”. Dos caminos distintos con un punto en común: la moto como medio para llegar más lejos, conviviendo con la presión.
Sentar frente a frente a dos perfiles que encarnan los extremos del universo de la moto, junto a profesionales del mundo de los negocios, no es habitual. Pero el foco, para QuintaMarcha.com y por razones evidentes, se centra en lo que dijeron Álex Márquez y Charly Sinewan. El primero, cuando esta entrevista vea la luz, estará en el Circuito de Jerez, escenario de su victoria en el GP de España 2025, un triunfo que intentará repetir este fin de semana. El segundo regresa de la última etapa de un viaje de 16 años dando la vuelta al mundo, donde cada jornada podía reescribirse sobre la marcha bajo su filosofía de “No plan”. Y, sin embargo, por más distantes que parezcan, basta con escucharlos para entender que comparten más de lo que los separa.
No es una conversación sobre motocicletas, sino sobre lo que exige vivir de ellas.
Presión: del cronómetro al algoritmo
“Hay muchas formas de presión, la primera es la que se mete uno mismo”, arranca Márquez. Pero enseguida aterriza la idea: “Estoy solo encima de la moto, pero hay mucha gente detrás que depende de mí”. Equipo, patrocinadores… “Toda la inversión de tiempo que hace la gente para que tú, el domingo, tengas las mejores sensaciones… eso para mí es presión”.
Sinewan recoge el testigo desde otro escenario, igual de exigente: “Internet te esclaviza”. No hay boxes ni ingenieros, pero sí una obligación constante: “Tienes que tener contenido continuamente… y sabes que la gente se olvida de ti muy rápidamente”.
Durante años, su presión ha sido una cita innegociable: “Publicar todos los domingos, 25 minutos”. Mantener el nivel, no bajar la calidad, sostener el interés. “Compites contigo mismo todo el rato”.
Dos mundos, misma exigencia: responder siempre.
Un deporte —y una vida— mental
En MotoGP, el físico es solo una parte. “Es un deporte muy psicológico”, insiste Álex. “Puedes haber entrenado mejor que nunca y luego dependes de muchos factores”. Motor, sensaciones, confianza.
“Cuando estás en modo zen, es cuando las cosas van bien”, explica. Pero cuando no salen, aparece lo importante: “Debes ser frío, calculador y estar bien rodeado para escuchar buenos consejos, aunque tú eres el que debe elegir”.
Charly asiente desde su experiencia: “Porque el que te vaya bien o mal son tres décimas”.
“¡Y una!”, corrige Álex. “Una décima y ya estás el décimo”. Esa precisión define la élite.
En el viaje, la variable es otra, pero el fondo es el mismo. “Tú compites contigo mismo todo el rato”, insiste Sinewan. La exigencia no desaparece, cambia de forma.
Decidir cuando no hay certezas
Uno de los puntos más críticos en competición llega cuando hay que elegir sin garantías. Márquez lo describe con claridad: “Ves que está empezando a llover… y no sabes qué hacer”. Neumáticos, cambio de moto, estrategia.
“Al final tomas la decisión. Y si me equivoco, aprenderé de ello”. Ese aprendizaje tiene un tiempo concreto: “A mí me cuesta asumirlo una noche, porque sé que he dado el cien por cien”. Después, pasa página, no sin antes analizar y a por la siguiente carrera. “Respiras, ves qué ha pasado… y aprendes”.
Charly recuerda su gran decisión vital: “Dejé una vida estable en Madrid para dedicarme a viajar en moto”. No había referencias, ni modelo. “Cuando la tomé, tiré para adelante y nunca me arrepentí”. Desde entonces, la incertidumbre es parte del día a día. “Que una miniatura falle, que el título no funcione…”. Otros códigos, misma lógica.
El arte de adelantar… y de anticiparse
En pista, nada es tan improvisado como parece. “Muchos adelantamientos se preparan una vuelta y media antes”, revela Álex. Estudiar al rival, detectar el punto débil, colocarse. “A veces ves el hueco y te lanzas”, sí. Pero otras, todo está calculado.
En la ruta, Sinewan vive algo parecido. La improvisación es constante, pero no ingenua. Es experiencia acumulada.
Caídas, cámaras y normas no escritas
El viaje también tiene sus códigos. Y a veces, su propio humor negro. Charly recuerda uno de los momentos más extremos: una caída por un barranco.
“La norma es, lo primero, dar a grabar… si no estabas grabando. Y después ver si estás bien”, dice entre risas.
No es solo una anécdota: es la síntesis de su forma de trabajar. Vivir y contar al mismo tiempo. Convertir incluso el accidente en relato.
“Así he creado la comunidad que tengo”.
Dinero y realidad: dos modelos distintos
En MotoGP, la carrera es corta. “Un piloto se retira a los 35, más o menos”, recuerda Márquez. Por eso, el enfoque es claro: “Lo mejor es rodearte de un buen equipo que gestione tu patrimonio”.
Él mismo ha invertido en proyectos como Momoven o Vertical Group, este último con su hermano Marc y otro piloto. “El primer filtro es que me guste, que me motive”.
También desmonta otro mito: “En Moto2 o Moto3 no buscas dinero, buscas el mejor equipo”. La inversión real y el dinero viene después, cuando se llega a MotoGP, la élite del motociclismo.
Charly, desde YouTube, lo explica sin adornos: “Ganar dinero no es fácil… es muy sacrificado”. Y añade: “Cualquier creador está esclavizado del trabajo”. Subrayando: “Es mucho lo que hay que hacer para conseguir una estabilidad”.
Además, introduce una variable clave: “Depende de dónde te vean”. Estados Unidos paga mejor; otros mercados, mucho menos.
Reinventarse o repetirse
“Estoy en un proceso de reinventarme”, admite Sinewan. Y lo hace en un momento delicado: cuando su contenido funciona.
“El último capítulo publicado tuvo 800.000 reproducciones… y sé que si sigo así, seguirán”. No se ha cansado de viajar, pero “he sentido la necesidad de cambiar la forma de ganarme la vida y en eso estoy”.
No es una decisión técnica, sino vital… Pero la moto seguirá estando presente en esta nueva etapa que pronto dará a conocer.
Márquez, en cambio, mira más allá de la competición: “Me gustaría ayudar a pilotos jóvenes y sobre todo a sus familias”. Detecta un problema real: decisiones precipitadas, inversiones desmedidas.
“Hay familias que se hipotecan pensando que tienen un Marc Márquez… y no”.
Marc, el extraterrestre
La figura de su hermano aparece inevitablemente. Y Álex no esquiva la comparación.
“El año pasado tuve la gran suerte y también la mala suerte, como muchos otros, de coincidir con un tío como Marc Márquez. En otro año, hubiera sido campeón de MotoGP y ahora soy subcampeón” afirma el piloto del Gresini Racing. “Dovizioso, ha perdido dos o tres títulos, mucha gente que ha coincidido con Marc. Lorenzo tendría dos más, Valentino, Dani (Pedrosa), son épocas que coincides con un extraterrestre que te come”.
No hay frustración, sino complicidad. “Me lo tomo mejor porque es mi hermano; si fuera al revés, él se lo tomaría igual”.
Soledad y compañía
“Nunca he sentido la soledad”, dice Sinewan. Después de 16 años viajando.
La explicación es doble: “Cada vez estoy más a gusto solo”. Y, además, “cuando tienes una comunidad tan grande, no viajas solo”.
Márquez vive la otra cara. Rodeado de un equipo… pero solo en lo decisivo. “Estoy solo encima de la moto”.
El sueño: ganar MotoGP. El reto: correr el Dakar…
El objetivo de Álex es claro: “Quiero ganar MotoGP”. Es el último escalón, el sueño que le falta para alcanzar la cima. Porque, como recalca, “si algo me ha enseñado la vida es que los sueños, con trabajo y disciplina, se cumplen”.
Pero hay algo más importante: “El día que diga hasta aquí, no quiero tener el remordimiento de no haberlo intentado todo”.
Después, nuevos retos: “Me gustaría correr el Dakar… en coche”, puntualiza. También resistencia, motocross.
Charly, por su parte, no habla de metas cerradas. Pero sí de sentido: seguir haciendo algo que conecte, que tenga valor más allá de los números.
Momoven los reunió para hablar no solo de motos, sino de lo que hay detrás de ellas. Y así, la conversación va más allá del gas y los kilómetros. Entre el circuito y el mundo, Márquez y Sinewan dibujan dos trayectorias distintas que confluyen en lo esencial: vivir de la moto exige tanto como competir al límite o perderse en el horizonte de la próxima ruta.
Por José Mª Alegre (texto y fotos firmadas)
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