
Los accidentes de tráfico causan más de 30.000 muertes anuales. Los esfuerzos de gobiernos y organizaciones para paliarlos acentúan la responsabilidad individual del conductor para cambiar la conducta al volante e incrementar su conciencia sobre el riesgo, pero desatienden los factores que afectan la movilidad y, por lo tanto, la siniestralidad.
Andrés Klistein, Master in Industrial Economics and Markets por la UC3M, analiza en un trabajo la relación que hay entre la dispersión urbana y las muertes viales. Por dispersión urbana se entiende la expansión de las ciudades hacia áreas periféricas de las ciudades o semirrurales de baja densidad, lo que significa una mayor dependencia al coche. Se tomaron distantes medidas relacionadas con dispersión urbana; una baja densidad poblacional, alta suma de las distancias recorridas por los vehículos en esas zonas y un bajo uso del transporte público.
El análisis se realiza desde dos enfoques distintos pero complementarios con datos de EE.UU., donde los accidentes son la primera causa de mortalidad entre menores de 35 años. Primero, se realiza un análisis de series temporales con datos a nivel nacional desde 1920 a 2018 y segundo, mediante el análisis datos de panel de los 51 Estados entre los años 2007 y 2018. La distancia total recorrida por los coches muestra una correlación positiva con las muertes por accidentes en carretera, con una elasticidad igual 1. Esto es, un incremento en 1% de los km/millas recorridos se asocia a un aumento del 1% de las muertes por accidente de carretera. El uso de transporte público tiene una correlación negativa con estas muertes. De forma que si se duplicasen los viajes en transporte público, manteniendo constantes otras variables, las muertes por accidente de carretera caerían en un 5.5%. Esto puede explicarse por el reemplazo modal, por evitar la conducción bajo los efectos del alcohol y por la incidencia de las zonas donde hay buena cobertura del transporte público y cortas distancias para poder ir andando. Por tanto, no sorprende que la densidad poblacional también muestra una correlación negativa con la siniestralidad, lo que se explica por la mayor fricción que reduce las velocidades de circulación y la contribución de la densidad a la eficiencia del transporte público.
La dispersión urbana como factor de riesgo
En resumen, es importante que el diseño de políticas públicas relacionadas con la movilidad, consideren que la dispersión urbana es un factor de riesgo. El uso de transporte público tiene externalidades positivas sobre la seguridad y éste se ve empoderado por la existencia de ciudades compactas, integradas y con un desarrollo urbano guiado por una buena red de transporte público. Este tema ha cobrado especial relevancia con la pandemia generada por el Covid, ya que ha hecho que aumente el deseo de la población por vivir en la periferia de las ciudades en espacios con menores densidades de población.
(Este artículo está basado en los resultados del trabajo fin de máster ‘Spatial distribution and other structural factors affecting traffic fatalities’, defendido en julio de 2021 en la Universidad Carlos III de Madrid y dirigido por Álvaro Escribano Sáez, catedrático de Economía).
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