
La llegada del buen tiempo es para muchos el momento en el que se vuelve a usar la moto tras varios meses de parón invernal. Por ello, Euromaster, el especialista en el cuidado y mantenimiento integral del vehículo, identifica cuatro elementos clave para volver a conducir con seguridad este vehículo, además de evitar el correspondiente susto económico en forma de avería costosa e inesperada.
Lo primero es asegurarse que la moto arranca tras varios meses parada. Por ello, Euromaster considera esencial comprobar el estado de salud de la batería, algo así como hacer un ‘electrocardiograma’ donde no sólo se revisa el nivel de carga, sino también la cantidad de electrones que puede acumular, un hecho que está muy ligado al número de cargas y descargas (o número de ciclos de vida). Si este test de salud es desfavorable, se recomienda cambiar la batería -cuyo coste puede variar entre los 40 y los 100 euros-, a pesar de que no haya dado un síntoma previo de posible fallo.
En segundo lugar, una vez que el usuario se ha asegurado que la moto puede arrancar y antes de ponerse a sus mandos, es sumamente importante comprobar el estado de los neumáticos, uno de los elementos de seguridad más importantes en cualquier vehículo, puesto que constituyen el único punto de contacto con el asfalto.
Además de comprobar los niveles de presión de acuerdo a lo indicado por el fabricante, es conveniente ver si el neumático se ha deformado o no, ya que la falta prolongada de uso puede hacer disminuir enormemente los niveles de presión y, por tanto, aumentar las posibilidades de que la goma presente formas irregulares. En este caso, se recomienda llevar el vehículo a un taller para comprobar tanto la presión como el estado del neumático, algo que en Euromaster se realiza de forma gratuita.
Por otro lado, el tercer elemento a vigilar en una moto cuando ha estado parada mucho tiempo es el sistema de frenado, comprobando en este caso el estado de las pastillas, los discos y el líquido de frenos. Se recomienda el purgado o el cambio completo de este líquido, una tarea cuyo coste oscila entre los 40 y los 80 euros y que puede evitar un accidente, además de averías graves y costosas de hasta 900 euros.
Por último, también es vital prestar especial atención a otro elemento clave como el aceite, la “sangre” del vehículo. Si no se ha cambiado transcurrido un año o tras haber alcanzado el kilometraje estipulado por el fabricante, hay que sustituirlo, una tarea cuyo coste suele oscilar entre los 30 y los 100 euros, según el modelo de motocicleta. En caso contrario, un aceite en mal estado puede derivar en averías muy graves como la rotura de motor, lo que podría elevar la factura del arreglo hasta los 4.000 euros.
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